Un mito que precede a la tauromaquia española
Aunque a simple vista España se asocia con la corrida de toros, la paella, el sol y el flamenco, el origen del “torero” no es hispano. El primer torero de la historia fue... el héroe griego Teseo.
Al morir el rey de Creta, Asterión, sus hijos se disputaron el trono. El mayor, Minos, pidió a Poseidón que le enviara un toro del mar como señal de apoyo a su candidatura, prometiendo sacrificarlo en agradecimiento. El toro emergió, Minos fue proclamado rey, pero decidió mantener al animal vivo como semental. La ira de Poseidón se desencadenó: el toro sedujo a su esposa, Pasífae, y de esa unión nació el Minotauro, criatura con cuerpo de hombre y cabeza de toro.

Para aplacar al monstruo, Minos obligó a Atenas a enviar cada nueve años a siete jóvenes y siete doncellas como tributo. Teseo se ofreció como voluntario bajo la condición de que, si mataba al Minotauro, sería libre. Minos, confiado, pensó que incluso si el héroe lograba matar al toro, aún quedaría el laberinto del que sería imposible escapar.
Al llegar a Creta, la hija de Minos, Ariadna, se enamoró de Teseo. Consciente de la dificultad de salir del laberinto, le entregó un ovillo de hilo a modo de guía, a cambio de la promesa de matrimonio. Teseo ingresó, abatió al Minotauro con sus propias manos, siguió el hilo y logró salir del laberinto, huyendo de Creta junto a Ariadna.

Se demuestra que el primer torero fue el héroe griego Teseo.