Lejos de permanecer neutral, el rey Luis XVI de Francia jugó un papel decisivo antes de la Batalla de Saratoga. A través del gobernador de la colonia de Luisiana, el rey envió tropas, armas, municiones y una considerable ayuda financiera a los colonos estadounidenses.
Esta asistencia se materializó en la expedición de la armada francesa bajo el mando del almirante de la Roche‑Bourgogne, que transportó cientos de soldados, cañones y provisiones esenciales. Además, Francia otorgó créditos y préstamos que permitieron a los ejércitos continentales mantener sus campañas.
El apoyo francés fue un factor clave para la victoria estadounidense en Saratoga, un punto de inflexión que convenció a otras naciones, como Gran Bretaña, de la viabilidad de la causa rebelde.