En el corazón de Tokio, entre luces de neón y masas de hormigón, se encuentra una pequeña tumba donde reposan los restos de un antiguo líder samurái. Se trata de Taira no Masakado, uno de los villanos más recordados de la historia japonesa. Sólo su cabeza está enterrada allí, separada del cuerpo como castigo por sus crímenes. Según la tradición, en los alrededores de ese sitio, en el distrito de Otemachi –el "Wall Street" de Japón–, ocurren extraños sucesos y muertes bajo circunstancias misteriosas.
Contexto histórico
A finales del siglo X, Japón vivía la era Heian, un período de gran florecimiento artístico y cultural. El emperador gobernaba desde la recién fundada capital, Kioto, pero la verdadera autoridad política estaba en manos de unas pocas familias nobles. En las provincias más alejadas surgía una nueva élite guerrera que, aunque nominalmente al servicio de la corte, actuaba con gran autonomía: los primeros samuráis.
El joven Taira no Masakado era uno de esos guerreros provinciales, criado en las llanuras de Kanto, cerca de la actual Tokio. Pertenecía al clan Taira, una de las líneas samurái más antiguas y prestigiosas, vinculada directamente a la familia imperial.
La rebelión de Masakado
Masakado intentó sin éxito obtener el cargo de kebiishi (una especie de comisario de policía). Frustrado, regresó a su tierra natal y organizó una rebelión contra los cortesanos de Kioto. Sus victorias en el campo de batalla fueron rápidas y contundentes; llegó a proclamarse a sí mismo emperador y a crear una corte alternativa en Kanto, distribuyendo títulos y tierras como si fuera el verdadero hijo del cielo.
Los relatos varían, pero la mayoría coincide en que su levantamiento fue motivado tanto por disputas familiares como por el enfrentamiento con el clan rival Minamoto. Tras cinco años de guerra, el 14 del segundo mes del año 940, Masakado fue derrotado y su cabeza fue exhibida en una pica en Kioto.
Indicaciones de la tumba de Masakado
La leyenda de la cabeza flotante
Según la crónica, la cabeza decapitada no cayó en la podredumbre. En su lugar, una terrible mueca apareció en su rostro: los dientes rechinaban como cuchillas y los ojos brillaban como brasas. La cabeza, poseída por una furia sobrenatural, se elevó y comenzó a flotar, lanzando maldiciones mientras recorría el cielo. Finalmente, regresó a Kanto, al centro de la actual metrópolis de Tokio, donde se depositó en la tumba que hoy conocemos.
Masakado luchando
La tumba actual y su legado
Hoy la tumba de Masakado se conserva en el distrito de Otemachi. La leyenda dice que su espíritu provoca plagas, terremotos y otros desastres cuando los locales no le rinden el debido respeto. Aun mil años después, los habitantes de Tokio cuidan la sepultura con esmero, por si acaso.
Masakado y su tumba
Colaboración de R. Ibarzabal
Fuentes: The First Samurai: The Life and Legend of the Warrior Rebel – Taira Masakado