¿Quién fue Ishikawa Goemon?
Los bandidos han existido en todas las épocas y lugares; entre estafadores menores y delincuentes de poca monta, siempre surgieron figuras que se convirtieron en héroes legendarios. Nuestro protagonista es uno de esos nombres míticos que van desde Robin Hood hasta Bonnie y Clyde: Ishikawa Goemon, un ladrón de alto perfil que sembró terror entre los ricos de Kioto a finales del siglo XVI. Sus fechorías fueron tan notorias que llegó a ser el enemigo público número uno de su tiempo. Pero, como dice el refrán, el crimen siempre paga, y Goemon terminó literalmente hervido por sus robos.
Una vida digna de novela
Existen varias versiones sobre sus orígenes. Algunos lo describen como un campeón de los desfavorecidos que robaba a los ricos para repartir el botín entre los pobres; otros afirman que fue un ex‑ninja, alumno del legendario Momochi Sandayu, que quedó sin empleo tras la unificación del país y se vio obligado a robar para sobrevivir. La versión más aceptada lo presenta como el segundo hijo de una familia samurái de bajo rango, que, tras verse envuelto en un robo‑asesinato, decidió abandonar el camino del honor y convertirse en bandido.
El relato del sacerdote Pedro Morejón
Lo poco que se conoce con certeza proviene de un jesuita español, el padre Pedro Morejón, que estuvo en Japón a finales del siglo XVI. En su crónica escribe:
«El suceso ocurrió en 1594. Un tal Ishikawa Goemon y nueve o diez de sus parientes fueron hervidos en aceite.»
No se especifica si el aceite era de oliva o de soja, pero la muerte fue brutal. La ejecución tuvo lugar en Kioto, entonces capital del país, y se convirtió en un espectáculo público. Gente de provincias lejanas acudió para observar cómo el temido bandido era cocido en un enorme caldero, acompañado, según la tradición, de su propio hijo y de varios cómplices.
Enfrentamiento con el poder
Goemon apuntaba a la élite: comerciantes adinerados, señores feudales y altos miembros del clero. Ninguna muralla ni puerta era lo suficientemente fuerte para detenerlo. Mientras la gente común lo veía como un Robin Hood, los poderosos empezaron a temerle. Entre sus enemigos estaba Toyotomi Hideyoshi, el gran unificador de Japón.
Una leyenda cuenta que Goemon, enfurecido por la tiranía de Hideyoshi, se infiltró en el castillo de Fushimi y, bajo la sombra de la noche, intentó asesinar al señor. Sin embargo, su torpeza como ninja le hizo derribar un incensario con un golpe, alertando a toda la guarnición, que lo capturó antes de que pudiera llegar a la habitación del tirano. Aunque la historia es probablemente apócrifa, ilustra cómo la figura del ladrón se volvió tan fabulosa que cualquier hazaña, por absurda que fuera, parecía posible.
Legado cultural
La imagen que quedó de Goemon combina a Robin Hood con Arsène Lupin: un ladrón caballeroso, dandi feudal que disfrutaba de los lujos pero poseía un corazón de oro. El teatro Kabuki lo inmortalizó, dotándolo de una peluca característica que se convirtió en su sello distintivo. Desde entonces, Ishikawa Goemon ha sido uno de los héroes más reconocibles de la cultura popular japonesa, apareciendo en videojuegos, películas y series animadas.
¿Sobrevive Goemon en la actualidad?
Cuatro siglos después de su muerte hirviente, el nombre de Goemon sigue vivo. En Japón, los antiguos baños de metal se conocen como Goemon‑buro (baños al estilo Goemon), en alusión al caldero en el que fue cocido. Aunque hoy en día rara vez se usan en hogares privados, aún pueden verse en spas y onsen públicos. La fascinación japonesa por los baños extremadamente calientes hace que, si alguna vez alguien sufra una quemadura digna de Goemon, la anécdota quedará grabada en la memoria colectiva.
Colaboración de R. Ibarzabal
Fuentes: Relationship of the Kingdom of Nippon they call Corrupting Japan – Bernardino de Ávila; Ninja Attack – Matt Alt y Hiroko Yoda