Tras liderar la victoria estadounidense en la Guerra de Independencia y firmar el Tratado de París (1783), George Washington abandonó sus cargos militares y regresó a su plantación de Mount Vernon en Virginia. Su retiro duró pocos años; en 1789 fue elegido primer presidente de los Estados Unidos. Durante ese breve intervalo, Washington se dedicó a sus dos grandes pasiones: la agricultura y la ganadería.
Innovaciones agrícolas en Mount Vernon
Con el suelo agotado por años de cultivo de tabaco, Washington decidió experimentar con nuevos cultivos y técnicas. Sustituyó el tabaco por cereales, implementó rotaciones de cultivos para recuperar la fertilidad del terreno y elaboró abonos caseros mezclando estiércol, yeso, lodos y restos de pescado. Su objetivo era convertir a EE. UU. en el granero del mundo.
«Nuestro bienestar y la prosperidad de América dependen de la tierra; debemos mejorar su producción.»

Una granja diversa
Además de los campos, Mount Vernon albergaba caballos, ovejas, cerdos, vacas, gallinas, patos, pavos, ciervos… ¡incluso un camello que llegó en 1787 para entretener a los invitados! Washington centró gran parte de su labor ganadera en mejorar la reproducción animal, y en particular, en la cría de mulas (híbridos estériles entre burro y yegua). Sabía que las mulas eran más fuertes, vivían más tiempo y costaban menos que los caballos, por lo que resultaban perfectas para el trabajo de campo.
El origen del “padre” de la mula americana
Virginia contaba con excelentes caballos, pero los burros y mulas de la colonia eran de calidad inferior. Washington buscó el mejor burro del mundo y su elección recayó en uno español. Sin embargo, la adquisición resultó compleja: el transporte era costoso y la exportación de burros estaba prohibida sin permiso real.
Tras varios intentos, William Carmichael, encargado de asuntos españoles, logró la intervención del rey Carlos III, quien ordenó enviar dos ejemplares como muestra de respeto (el rey había apoyado la independencia de las Trece Colonias). El 7 de octubre de 1785 el regalo llegó a Glocester, Massachusetts, aunque sólo sobrevivió uno: el burro llamado Royal Gift (Regalo Real), ya que el segundo falleció durante el viaje.
Washington envió a su capataz John Fairfax a acompañar al animal hasta Mount Vernon, con la instrucción de no superar los 25 km diarios y de brindarle el máximo cuidado. El 5 de diciembre Washington vio por primera vez a Royal Gift, que describió como un burro andaluz.
El presidente quería iniciar de inmediato la cría de mulas, y Royal Gift recorrió varios estados del sur para demostrar su valor a otros granjeros. Washington incluso publicó anuncios ofreciendo sus servicios para cubrir yeguas la primavera siguiente. El burro, algo testarudo, necesitó la compañía de dos burros para estimular su actividad reproductiva; una vez excitado, pudo cubrir a la yegua y empezó a “ganarse el pan” como verdadero campeón.

El legado de Royal Gift
La fama de Royal Gift como semental fue breve. En 1793, durante un viaje a Carolina del Sur, cayó enfermo y se temió su muerte. Washington decidió que pasara el resto de sus días en Carolina del Sur, lejos del estrés de la cría constante. Tras su fallecimiento en 1796, Washington se centró en los dos descendientes de Royal Gift: los burros Compound y Knight of Malta.
Cuando Royal Gift llegó a Mount Vernon había 132 caballos y ninguna mula ni burro. A la muerte de Washington en 1799, el inventario mostraba 27 caballos, 20 burros y 63 mulas. Aunque ya existían mulas en las colonias, Washington mejoró la raza y popularizó su uso en las plantaciones, de modo que gran parte de los burros y mulas estadounidenses actuales descienden de ese burro español.