El origen del acero inoxidable
El crédito del descubrimiento del acero inoxidable recae en el ingeniero británico Harry Brearley, quien trabajaba para la empresa Brown‑Firth en Sheffield. En 1912, mientras investigaba materiales más resistentes para cañones de armas, Brearley creó una aleación compuesta por hierro y un 12,8 % de cromo.
Esta combinación resultó ser notablemente resistente a la corrosión, sentando las bases del acero inoxidable que hoy se emplea en innumerables aplicaciones, desde utensilios de cocina hasta equipos médicos y estructuras arquitectónicas.