El pasado domingo Turquía eligió a su nuevo presidente y, una vez más, el nombre que resultó ganador fue el de Recep Tayyip Erdoğan. Después de quince años en el poder, se ha convertido en la figura política más influyente del país desde la época de Mustafa Kemal Atatürk, el propio fundador de la República. De hecho, muchos analistas lo describen como el sucesor político de Atatürk.
En los medios de comunicación a menudo se le presenta a Erdoğan como el antítesis del secularismo ataturkista: su discurso proclama valores pro‑islámicos y, a veces, una visión neo‑otomana. Desde los intentos de golpe de Estado de 2016, el ejército dejó de ser el guardián del kemalismo y pasó a estar bajo el control del presidente. Sin embargo, a diferencia de lo que sugiere su retórica, Erdoğan es más un heredero político que un opositor al legado de Atatürk; el "padre de los turcos" también es su predecesor político.
Turquía, pionera del populismo
En Occidente se le asignan epítetos poco halagüeños: dictador, autócrata, y, últimamente, populista, agrupándolo con figuras como Donald Trump o Viktor Orbán. Aunque la comparación es simplista, tiene fundamento: el populismo lleva mucho tiempo en la vida política turca, incluso formando parte de la ideología oficial del Estado concebida por Atatürk.
Las seis flechas del kemalismo
Cuando Atatürk fundó la República en 1923, rechazó los modelos democráticos occidentales y los regímenes autoritarios de Europa del Este. En su lugar diseñó una ideología propia, hoy conocida como kemalismo, compuesta por seis pilares, las llamadas "seis flechas":
- Republicanismo
- Laicismo
- Populismo
- Revolucionismo
- Nacionalismo
- Estatismo
El republicanismo afirma que la soberanía emana del pueblo; el laicismo separa la religión del Estado; el estatismo permite la intervención estatal en la economía; y el revolucionismo implica una constante renovación política. Los dos pilares más controvertidos son el nacionalismo, que reconoce solo a los turcos como pueblo‑nación, y el populismo, que sostiene que la política debe servir al "pueblo" definido por el propio Estado. La combinación de ambos ha generado tensiones, sobre todo con kurdos, alévis y minorías históricas.
Entre la república y la dictadura
Las seis flechas no se consagraron como ideología estatal de inmediato. En 1935 el Partido Republicano del Pueblo (CHP) adoptó el programa de Atatürk y, dos años después, el kemalismo quedó inscrito en la Constitución. Sin embargo, la propia estructura del kemalismo contenía una tendencia autoritaria. Durante décadas el CHP fue el único partido real y, con el respaldo del nacionalismo y el populismo, se presentó como la representación total del pueblo, lo que justificaba la ausencia de pluralismo.
Cuando los militares percibían que los gobernantes se desviaban de los principios kemalistas, intervenían mediante golpes de Estado. Así, Turquía alternó entre gobiernos semi‑autoritarios, dictaduras militares y breves aperturas democráticas. Hasta la llegada de Erdoğan, ninguno había logrado romper ese ciclo.
Erdoğan: un hijo orgulloso de Atatürk
¿Encaja Erdoğan en el marco del kemalismo o lo desmantela? Lejos de ser un destructor del secularismo, su discurso político sigue gran parte del manual ataturkista. Defiende el republicanismo invocando la soberanía popular: ante cualquier crítica, califica a sus detractores como "enemigos del pueblo" – desde los golpistas de 2016 hasta los manifestantes callejeros y los gobiernos occidentales. Tras su victoria electoral, proclamó que los ganadores fueron "la democracia, la voluntad del pueblo y el propio pueblo".
En materia de nacionalismo, Erdoğan ha adoptado una postura aún más dura con los kurdos que muchos de sus predecesores. Su visión de una Turquía imperial, con aspiraciones pan‑turcas hacia Asia Central, también remite a ideas que Atatürk sostuvo en sus primeros años, cuando habló de un origen glorioso de los turcos.
En los próximos cinco años, mientras Turquía se prepara para celebrar su centenario, observaremos cómo evoluciona este legado. Quizá, al fin y al cabo, Erdoğan deba presentarse oficialmente como el heredero político de Atatürk.
Si te interesa profundizar en estas comparaciones históricas, te invito a leer el artículo completo en este blog y a seguirme en el próximo episodio del podcast. ¡Hasta la próxima!