Historia de Europa

Todo lo que creías sobre la Inquisición y no era cierto: usos civiles y brujería (parte 3)

Uso civil de la Inquisición y venganza personal

La Inquisición no solo perseguía herejías; también se utilizaba como herramienta de poder para resolver disputas y venganzas entre facciones. Dos casos ilustran este abuso.

Fray Luis de León, poeta y víctima de una rivalidad entre órdenes

Fray Luis de León, augustiniano y destacado poeta del Siglo de Oro, obtuvo una cátedra en la Universidad de Salamanca en 1561, desplazando a un dominicano. La rivalidad entre agustinos y dominicos se intensificó y los dominicos, que tenían presencia entre los inquisidores, buscaron cualquier pretexto religioso para acusarlo.

Le imputaron haber traducido El Cantar de los Cantares del hebreo al castellano sin autorización y, además, de forma diferente a la versión oficial de Jerónimo de Estridón. La acusación se convirtió en una persecución por herejía protestante. Tras cinco años de prisión y un proceso tortuoso, Luis fue absuelto, pero nunca recuperó el tiempo perdido. Al regresar a la cátedra, sus primeras palabras fueron, según se cuenta, "Dicebamus hesterna die…" (hablábamos ayer), como quien niega la injusticia sufrida.

Antonio Pérez, secretario de Felipe II y víctima de la política real

Antonio Pérez, hijo de Gonzalo Pérez, secretario del rey, se convirtió en una pieza clave del conflicto entre el rey y su medio hermano Don Juan de Austria. Pérez manipuló al monarca, haciéndole creer que Don Juan y su secretario Juan de Escobedo conspiraban con los rebeldes de los Países Bajos.

El 31 de marzo de 1578, Escobedo fue asesinado en la calle de la Almudena, y la culpa recayó rápidamente sobre Pérez. El caso derivó en una larga persecución judicial que incluyó acusaciones de asesinato, conspiración, corrupción y fuga. Cuando la Inquisición intentó juzgarlo por herejía, los aragoneses defendieron sus fueros y el proceso se complicó, llegando a una especie de guerra civil en Zaragoza.

Finalmente, Pérez fue condenado en ausencia, su figura fue quemada en la hoguera simbólica y sus bienes confiscados. Pasó el resto de su vida atacando al rey y sus intereses.

La brujería en España: escasa persecución comparada con el resto de Europa

El temor a la brujería llegó a España con la bula Summis desiderantes affectibus (1484) del papa Inocencio VIII, que autorizó la caza de brujas. Sin embargo, la Inquisición española mostró poco interés en este delito.

En la práctica, la brujería se vinculó a mujeres marginales, curanderas y conocedoras de hierbas, consideradas peligrosas por la Iglesia y la autoridad civil. El Malleus Maleficarum (1486), escrito por dos dominicos, se difundió por Europa como manual de caza de brujas, pero en España la Inquisición la consideró una cuestión de superstición y “truco popular”, abordándola con sermones más que con ejecuciones.

Las cifras confirman la diferencia: mientras en Alemania se ejecutaron alrededor de 25 000 brujas, en España sólo 59 fueron quemadas. Italia y Portugal registraron 36 y 4 víctimas respectivamente.

Así, la Inquisición española, aunque poderosa, dedicó sus recursos a perseguir herejías doctrinales y a servir a los intereses políticos del reino, dejando la caza de brujas en gran medida a la jurisdicción local y a la imaginación popular.