Historia de Europa

La peste de Atenas (430‑427 a.C.)

Entre 430 y 427 a.C. una epidemia devastadora azotó la ciudad de Atenas, provocando una gran mortalidad entre sus habitantes. Los relatos de la época describen los síntomas y el sufrimiento de los enfermos, así como la desesperación de la población frente al caos. Pericles, el líder ateniense, fue una de sus víctimas.

Los historiadores todavía discuten cuál fue la enfermedad responsable; se barajan hipótesis como la viruela, el sarampión, la fiebre tifoidea o el tifus exantemático, pero la evidencia disponible es escasa y los estudios científicos no son concluyentes. Se estima que la epidemia acabó con aproximadamente un tercio de la población ateniense.

Orígenes de la enfermedad

La fuente más importante sobre la peste ateniense es el historiador griego Tucídides, autor de la crónica de la Guerra del Peloponeso. Tucídides vivió en Atenas cuando comenzó la epidemia, la presenció de cerca y, aunque enfermo, sobrevivió.

La peste de Atenas (430‑427 a.C.)

Según su relato, la enfermedad se originó al sur de Egipto, zona que él llamaba Etiopía, y se propagó hacia el norte de África, el Imperio Persa y, finalmente, Grecia. La aparición en Ática coincidió con la llegada de tropas espartanas, pues la peste surgió al inicio de la Guerra del Peloponeso (431‑404 a.C.), conflicto que se desató por el creciente poder de Atenas y el temor espartano.

En Atenas, la primera aparición se registró en el puerto de Pireo y pronto se extendió al interior de la ciudad. El hacinamiento, provocado por la orden de Pericles de concentrar a la población rural dentro de las murallas, creó condiciones perfectas para la transmisión del agente infeccioso.

Los refugiados se instalaron en tiendas de campaña por falta de viviendas, lo que favoreció la rápida propagación y la acumulación de cadáveres en las calles.

Síntomas descritos

Tucídides ofrece una detallada descripción de los síntomas, lo que permite inferir la gravedad de la epidemia. Señala que la enfermedad afectó tanto a personas sanas como a enfermas y que, por lo general, los enfermos fallecían en 7 a 9 días.

Los signos clínicos incluían:

  • Intenso calor y enrojecimiento en la cabeza y los ojos.
  • Inflamación de la garganta y la lengua, que adquirían un color sanguíneo y emitían un aliento fétido.
  • Estornudos, ronquera y tos violenta que descendía al pecho.
  • Vómitos de bilis, diarrea profusa y convulsiones.
  • Formación de pequeñas úlceras, fiebre alta y sensación de calor extremo, que llevaba a algunos a sumergirse en agua fría.
  • Insomnio y, en los que sobrevivían, secuelas como dolor en articulaciones y pérdida de memoria.

Observó también que los buitres que se alimentaban de los cuerpos morían, y que los supervivientes rara vez contraían la enfermedad nuevamente, o presentaban síntomas leves.

Atenas durante la peste

La epidemia tuvo un impacto devastador en la vida cotidiana. La población dividió sus explicaciones entre un castigo divino y la sospecha de que los espartanos habían envenenado el agua. Los médicos fueron los primeros en morir, al estar en contacto directo con los enfermos y desconocer la naturaleza de la enfermedad.

La falta de atención médica llevó a la gente a buscar consuelo en la religión, sin obtener resultados. El número de fallecidos fue tan alto que los cuerpos se acumulaban en casas, calles y templos, y las familias, incapaces de realizar cremaciones, recurrieron a piras ajenas o a entierros improvisados.

El temor a la muerte impulsó comportamientos hedonistas: muchos atenios, convencidos de que su final era inminente, se entregaron al placer sin preocuparse por las consecuencias.

¿Qué enfermedad fue?

La peste de Atenas (430‑427 a.C.)

La identidad exacta del agente patógeno sigue sin resolverse. Las hipótesis más aceptadas son cuatro:

  • Viruela
  • Sarampión
  • Tifus exantemático
  • Fiebre tifoidea

En 2006, el científico griego Manolis Papagrigorakis analizó restos de una necrópolis de Kerameikos y detectó ADN de la bacteria responsable de la fiebre tifoidea. Otros expertos critican la solidez de esos hallazgos, lo que demuestra la dificultad de llegar a una conclusión definitiva.

Consecuencias demográficas y políticas

Tras tres años de sufrimiento, la peste acabó con entre 70 000 y 100 000 personas, aproximadamente un tercio de la población ateniense, que se estimaba entre 250 000 y 300 000 habitantes. Entre los fallecidos estaba Pericles, quien murió en 429 a.C.; su muerte supuso la pérdida de uno de los principales estrategas y promotores del poderío ateniense, así como del visionario que impulsó la construcción del Partenón.

Referencias

|1| Tucídides, Historia de la Guerra del Peloponeso, Ed. da UnB, 2001, pp. 117‑118.

|2| Ibid., pp. 115‑116.

|3| "The Plague at Athens, 430‑427 BCE". Fuente consultada en línea.