Historia de Europa

Causas que desencadenaron la Revolución Francesa

La Revolución Francesa, iniciada en 1789 con la toma de la Bastilla, surgió por la profunda desigualdad social, la crisis económica, el hambre y la influencia de los ideales de la Ilustración.

Causas que desencadenaron la Revolución Francesa

La Revolución Francesa fue un proceso revolucionario que se desarrolló en Francia entre 1789 y 1799. Inspirada en los principios de la Ilustración, provocó la caída del absolutismo en Francia y marcó el inicio de transformaciones que se extendieron por toda Europa.

Francia antes de la revolución

Según historiadores como Eric Hobsbawm, la Revolución Francesa formó parte de una ola de revoluciones democráticas que se extendió a finales del siglo XVIII. Sin embargo, las particularidades francesas fueron clave para comprender por qué estalló en 1789.

En la década de 1780, Francia era una monarquía absolutista muy poderosa, gobernada por , nieto de Luis XIV, el monarca absolutista por excelencia. La sociedad estaba dividida en tres estados:

  • Primer Estado: el clero.
  • Segundo Estado: la nobleza.
  • Tercer Estado: el resto de la población, que no encajaba en los dos grupos anteriores.

Esta división generaba una enorme desigualdad social. Clero y nobleza disfrutaban de privilegios como exenciones fiscales y, en el caso de la nobleza, la recaudación de impuestos feudales. La falta de igualdad fue una de las causas fundamentales de la revolución.

Causas que desencadenaron la Revolución Francesa
Fin del siglo XVIII: Francia bajo el reinado de Luis XVI.

A esta situación se sumó una crisis económica que se agudizó en la segunda mitad del siglo XVIII. Los excesivos gastos de la corte y la participación de Francia en la Guerra de los Siete Años y la Revolución Americana agotaron las arcas del Estado.

La crisis golpeó también a la nobleza, que buscó compensar su deteriorada situación ocupando cargos públicos antes reservados a la burguesía y aumentando los impuestos feudales sobre los campesinos. Así, la nobleza perjudicó tanto a la clase media como a los campesinos, intensificando la explotación.

El aumento de la inflación y del coste de vida, agravado por malas cosechas en 1788‑1789, provocó escasez de alimentos y hambre entre los campesinos.

Los intentos de reforma fiscal fracasaron porque clero y nobleza se negaron a renunciar a sus privilegios. Ante el colapso financiero, el rey convocó a los Estados Generales para buscar una solución.

La crisis de los Estados Generales

Los Estados Generales eran una asamblea de emergencia que no se reunía desde 1614. Cada uno de los tres estados disponía de un voto, lo que dejaba al Primer y Segundo Estado con el control de las decisiones.

El Tercer Estado, descontento con este sistema, propuso el voto individual, lo que aumentaría sus posibilidades de influir en las decisiones. Cuando el rey intentó disolver la asamblea, los representantes del Tercer Estado se rebelaron y formaron la Asamblea Nacional Constituyente, con el objetivo de redactar una constitución que estableciera una monarquía constitucional.

La revuelta coincidió con un ambiente de insurrección popular en París, donde la población apoyó firmemente al Tercer Estado. Ante el intento del rey de suprimir la nueva asamblea, los parisinos tomaron las calles, crearon la Comuna (gobierno provisional de la ciudad) y fundaron la Guardia Nacional, una milicia popular.

La toma de la Bastilla

El 12 de julio de 1789 la población de París se movilizó en las calles. La tensión continuó y, el 14 de julio, los manifestantes atacaron el Arsenal de los Invalides y luego la Bastilla, una antigua fortaleza convertida en prisión política.

En el momento del asalto la Bastilla albergaba apenas siete presos; sin embargo, los revolucionarios buscaban la pólvora almacenada allí, símbolo de la represión del Antiguo Régimen.

La noticia de la caída de la Bastilla se difundió rápidamente, desencadenando revoluciones en toda Francia y motivando a campesinos y ciudadanos de ciudades a levantarse contra la aristocracia y el absolutismo.

Referencias:
|1| HOBSBAWM, Eric. The Age of Revolutions 1789‑1848. Rio de Janeiro: Peace and Earth, 2014, p. 98‑99.
|2| Ibid., p. 103.
|3| Ibid., p. 205.

Publicación anterior