
Existe una teoría que explica por qué Marco Aurelio, conocido como el “emperador sabio”, designó a su hijo Cómodo como sucesor: quería evitar disturbios internos y, además, estaba influenciado por su afecto paternal.
En aquella época el Imperio Romano era inmenso, abarcando desde Britania en el norte hasta Mesopotamia en el este, pasando por Hispania y África en el sur.
Cada provincia estaba gobernada por un procónsul o gobernador‑general, respaldado por un ejército propio. En contraste, la propia ciudad de Roma contaba apenas con la guardia pretoriana, unos 10 000 soldados.
Marco Aurelio temía que esos poderosos gobernadores pudieran alzarse contra la capital. Sus temores se materializaron tras su muerte, cuando el descontento militar desencadenó una serie de conflictos.
En este contexto presentamos la historia de Publio Helvio Pertinax, quien asumió el trono tras la caída de Cómodo, apenas a punto de iniciar una nueva guerra civil.
El hombre que llegó a ser emperador
En el mundo occidental la movilidad social era limitada; pocos lograron ascender de origen humilde a la cúspide del poder. Pertinax es un caso excepcional: pasó de soldado a emperador.
Nació en la zona que hoy corresponde a Génova; su padre era un libertus (ex‑esclavo liberado). Gracias a la reforma de Julio César, que concedió la ciudadanía romana a profesionales como médicos y maestros, Pertinax pudo obtener la ciudadanía y decidió seguir la carrera militar.
Tras alistarse, su talento quedó al descubierto incluso durante la pacífica época de Antonino Pío. El punto de inflexión llegó con la campaña contra los partos bajo el reinado de Marco Aurelio.
En la provincia de Siria alcanzó el cargo de procurador del tesoro y, gracias a sus éxitos, fue nombrado procurador (oficial legal). Posteriormente, aprovechó la vacancia de cónsules para ejercer brevemente ese magistrado, y luego gobernó la provincia de Moesia. Más tarde dirigió importantes comandancias en Dacia, Siria y otras regiones del imperio.
Tras la muerte de Marco Aurelio, sirvió bajo Cómodo, participó en la pacificación de Britania y ocupó el puesto de prefecto de la ciudad.
Cuando Cómodo fue asesinado (192 d.C.), la guardia pretoriana, liderada por el prefecto Leto, proclamó a Pertinax como el decimoctavo emperador romano.
Un reinado prometedor…
Al asumir el trono, Pertinax juró gobernar en colaboración con el Senado. Restituyó las propiedades confiscadas por Cómodo, rehabilitó a sus víctimas y devolvió los subsidios a la población.
Prometió no ejecutar sentencias sin juicio, siguiendo el ejemplo de los “cinco buenos emperadores”, y declaró que no buscaría heredar el trono, sino que restauraría la autoridad senatorial.
El Senado, los ciudadanos y los gobernadores provinciales recibieron con entusiasmo sus reformas. Sin embargo, el prefecto de la guardia pretoriana, Leto, no compartía esa visión.
Leto, quien había sido uno de los principales artífices del asesinato de Cómodo y se había convertido en el “cazador de reyes”, vio amenazados sus intereses.
Solo tres meses después de su ascenso, en marzo de 193 d.C., la guardia pretoriana asaltó el palacio imperial. Pertinax, de 66 años, fue asesinado.
Tras su muerte, los guardias subastaron el derecho a ser emperador, un episodio que marcó el inicio de la anarquía que llevaría a la crisis del año 193.
Así terminó la breve pero intensa trayectoria de un hombre que, a pesar de sus orígenes modestos, intentó devolver el poder al Senado y fue trágicamente derribado por la propia Guardia.