Introducción
Bajo el exitoso reinado de Felipe el Hermoso, la pequeña monarquía capeta se transformó en una dinastía respetada que gobernó el reino más rico y poblado de Europa. Su mandato estuvo marcado por dos grandes conflictos: la pugna con la papacía y el juicio a los templarios, a la vez que se consolidó el poder real, se desarrolló la administración y se amplió el dominio real.
El reinado de Felipe III el Valiente
Contexto y personalidad
Felipe III, apodado "le Hardi", era hijo de San Luis y Margarita de Provenza. Sucedió a su padre, fallecido en Túnez durante la octava cruzada, a la que había acompañado. Aunque su sobrenombre alude a su valentía, en la práctica resultó sumiso y débil frente a figuras poderosas como su tío Carlos de Anjou.
Por herencia familiar incorporó al dominio real Poitou, Auvernia y el condado de Toulouse. Mantuvo la estructura política y administrativa instaurada por su padre, pero se vio arrastrado al conflicto entre Carlos de Anjou y Pedro III de Aragón por Sicilia. Apoyó a su tío, que fue expulsado de la isla tras la masacre de la Víspera Siciliana (1282). El papa excomulgó a Pedro III y entregó el reino a Carlos de Valois, hijo de Felipe. Felipe III murió en Perpiñán en 1285, durante una expedición contra los aragoneses. Su reinado se considera transitorio entre el de su padre San Luis y el de su hijo Felipe IV el Bueno.
Consagración de Felipe III el Valiente

Grandes crónicas de Francia
Francia se enriquece
En los sesenta años que van desde el inicio del reinado de Luis VIII hasta el final del de Felipe III, Francia experimentó profundos cambios. Mejoras en el transporte de personas y mercancías, expansión del comercio y prosperidad de los mercados, y crecimiento urbano marcaron la época. La gente vivía en casas más confortables, con chimeneas y los primeros muebles. Con los graneros llenos y sin temor a hambrunas, la alimentación mejoró: vino, carne, pescado y especias se consumían con mayor frecuencia.
La moda pasó a enfocarse en telas pesadas y colores vivos, y la elegancia se mostraba en la vestimenta. Las ciudades, rodeadas de murallas, se transformaron espectacularmente. El aumento del consumo dio fuerza a gremios como los de los drapers y los mercaderes de agua en París. Los artesanos se organizaron en corporaciones y los burgueses ricos, que habían amasado fortuna en el comercio de artículos de lujo, construyeron lujosos "hoteles de piedra" en el centro urbano y monopolizaron cargos municipales (alcaldes, concejales, cónsules).
La sonrisa del siglo XIII
La civilización francesa del siglo XIII muestra un florecimiento alegre y vigoroso. Las fachadas, antes pobladas por monstruos románicos, ahora brillan con ángeles y cristos. En oratorios como la Sainte‑Chapelle o catedrales como Reims y Notre‑Dame, la elegancia se combina con la fuerza del diseño, expresando una armonía entre la inteligencia y la sensibilidad, lo divino y lo terrenal.

Catedral de Notre‑Dame de Reims
El reinado de Felipe IV el Hermoso
Un rey centralizador
Felipe IV subió al trono en 1285. El obispo Bernardo Saisset, su enemigo, lo describió como "un ave hermosa pero inútil, que solo sabe mirar sin hablar". Sin embargo, este rey de mármol tomó decisiones firmes: escuchó opiniones, pero al final dictó su voluntad sin recurso. Buscó ampliar los poderes monárquicos y que fueran respetados en todo el reino. Consagrado en Reims como sus predecesores, se consideró depositario de un poder sagrado, responsable solo ante Dios. Exigió a sus señores vasallos obediencia y sometimiento, manteniendo las obligaciones feudales a su favor.
Eduardo I rinde homenaje a Felipe IV
Como era costumbre, el rey Eduardo I de Inglaterra, duque de Guyena, besó el puño del rey de Francia durante la ceremonia de homenaje.

El conflicto con la papacía
Para consolidar su autoridad, Felipe entró en pugna con el papa, quien reclamaba una supremacía sobre el rey y soñaba con un imperio cristiano bajo un soberano religioso. El desencuentro surgió por cuestiones económicas: Felipe no aceptó que los ingresos de la Iglesia francesa alimentaran el tesoro papal en Italia. En 1296 impuso un impuesto al clero; el papa respondió con la amenaza de excomunión. En 1302 convocó la asamblea de los Tres Estados (predecesora de los Estados Generales) y propuso la deposición del papa por un concilio.
El punto álgido llegó en 1303, cuando Guillermo de Nogaret arrestó al papa Bonifacio VIII. Tras la muerte de Bonifacio, Felipe instaló al arzobispo de Burdeos, Bertrand de Got, quien se convirtió en el papa Clemente V y trasladó la corte papal a Aviñón (1308‑1376), subordinando la Iglesia a la corona francesa.
El episodio de Anagni
En 1303, siguiendo el consejo de Nogaret, Felipe ordenó la captura del papa en Anagni. Bonifacio, de 60 años, fue humillado y murió un mes después. Se dice que Nogaret lo golpeó, aunque la versión es legendaria.

Bonifacio VIII
Los artífices de la política real
Tras el conflicto papal, Felipe reorganizó su gobierno siguiendo las reformas de San Luis. Dividió la corte real en tres componentes:
- Parlamento: nobles, caballeros y prelados administraban la justicia en nombre del rey. A su lado trabajaban profesionales del derecho, origen de la profesión de abogado.
- Consejo del Rey: miembros de la familia real y los grandes señores debatían los asuntos administrativos y políticos.
- Audiencia: gestionaba las finanzas públicas y estaba integrada por burgueses parisinos, entre ellos dos italianos apodados Biche y Mouche.
Problemas financieros
Con el paso de los años, las necesidades económicas de Felipe crecieron. Los impuestos eran impopulares entre la nobleza provincial y la burguesía urbana, lo que dificultaba los ingresos regulares. Ante la falta de fondos, recurrió a la devaluación monetaria (1306) que triplicó los alquileres en París, provocando una revuelta que obligó al rey a retroceder la medida. Buscó recursos entre los judíos y, posteriormente, entre los templarios.
Felipe IV rodeado de sus herederos y asesores

Ampliación del dominio real
El dinero recaudado se destinó principalmente a la guerra. Destacaron dos conflictos: la disputa con el rey de Inglaterra por Guyena y la ambición de anexar Flandes. Tras capturar al conde de Flandes mediante engaño, Felipe ocupó la región en 1300, pero la masacre de los franceses en Bruselas (1302) desencadenó la derrota en la batalla de Courtrai. En 1304, sin embargo, logró la victoria en Mons‑en‑Pévèle y, mediante la paz de Athis, anexó la Flandes francófona y las ciudades de Lille y Douai.
La derrota de Kortrijk
La batalla de los Espuelas de Oro (Kortrijk) marcó la victoria de la infantería sobre la caballería.

(Biblioteca Nacional de Francia)
La caída de los templarios
Los templarios
La Orden del Templo, fundada en 1119 en Tierra Santa por Hugues de Payns, fue aprobada por el Concilio de Tréveris a petición de Bernardo de Claraval. Dedicada a la protección de peregrinos y lugares sagrados, dependía directamente del papa, gozando de independencia frente a los reyes. Su regla, escrita por San Bernardo, combinaba la vida monástica benedictina con la de soldado. En Francia establecieron numerosas comanderías; en Oriente, fuertes como el Krack de Monte Tabor.
Sello templario
La historia de la orden está rodeada de misterios, leyendas y supuestos tesoros.

Cuestionamiento de la orden
Tras la Octava Cruzada y la muerte de San Luis, los territorios cristianos en Tierra Santa pasaron a manos musulmanas. Los templarios, antes heroicos, comenzaron a ser percibidos como usureros y acumuladores de riquezas. Su poder económico y la exención de impuestos generaron sospechas. Felipe IV, en conflicto con la papacía y necesitado de fondos, vio con recelo a estos caballeros.
El juicio de los templarios
En 1307, bajo órdenes de Felipe, Guillermo de Nogaret ejecutó una redada en París: 140 templarios fueron arrestados, torturados y obligados a confesar delitos como sodomía y blasfemia. El papa, aunque inicialmente ofendido, aceptó las acusaciones. En 1312, Clemente V disolvió la orden y confiscó sus bienes, destinándolos en parte a los Hospitalarios y en parte al propio rey. En 1314, el Gran Maestre Jacques de Molay y su compañero Geoffroy de Charney fueron quemados en la hoguera. La leyenda cuenta que Molay lanzó una maldición contra el papa y el rey, los cuales murieron dentro del año.
La maldición del Gran Maestre
«¡Papa Clemente… Rey Felipe… dentro de un año, los convoco al tribunal de Dios para recibir vuestro justo castigo!… Malditos, malditos, hasta la décima tercera generación de vuestras razas!»

Los Reyes Malditos
El legado del Rey de Hierro
Gracias a la influencia sobre la papacía, Felipe el Bueno, también llamado "Rey de Hierro", desmanteló a los templarios. Aun así, su reinado dejó importantes avances: limitó la influencia papal, concedió mayor libertad a los siervos, instauró la Asamblea de los Estados y fortaleció la administración central, garantizando relativa paz. Su matrimonio con Juana de Navarra le dejó cuatro hijos que llegarían al trono.
- Louis X, que se casó con Margarita de Borgoña.
- Felipe V, esposo de Juana de Borgoña.
- Carlos IV, casado con Blanca de Borgoña.
- Isabel de Francia, prometida a Eduardo II de Inglaterra.
El escándalo de la Torre de Nesles
Al final del reinado del Rey de Hierro, un escándalo amenazó a la dinastía. Las nueras del rey – Margarita, Juana y su hermana Blanca – fueron acusadas de adulterio con los hermanos Aunay. La investigación reveló que cometieron la infidelidad en la Torre de Nesles, junto al Sena. El rey impuso castigos ejemplares:
- Margarita fue despojada, encarcelada en el Château‑Gaillard y murió poco después.
- Blanca sufrió el mismo destino, aunque fue trasladada a un convento.
- Juana, menos culpable, fue recluida en el castillo de Dourdan.
- Los hermanos Aunay confesaron, fueron desmembrados y decapitados.
Los Reyes Malditos
Esta serie de tragedias y la maldición de Jacques de Molay inspiraron a Maurice Druon a denominar a esta generación de monarcas como "Los Reyes Malditos". El escándalo de la Torre de Nesles, aunque famoso, no tuvo lugar exactamente allí.

Torre de Nesles
Los últimos Capetos directos
- Reinado de Luis X: Tras la condena de las hijas del Rey de Hierro, Luis X el Hutin gobernó apenas dos años. Influenciado por su tío Carlos de Valois, devolvió prerrogativas a los vasallos y ejecutó a Enguerrand de Marigny, consejero financiero de su padre. Murió en 1316; su esposa dio a luz a Juan I, que falleció pocos días después.
- Reinado de Felipe V: Sucedió a Luis X, interpretó la Ley Salica para impedir que su hermana Juana II de Navarra heredara el trono y promulgó normas que evitaran la fragmentación del dominio.
- Reinado de Carlos IV: Sin hijos varones, su esposa dio a luz a una niña, lo que reavivó la crisis sucesoria.
Coronación de Luis X el Hutin

(Biblioteca Nacional de Francia)
El futuro del reino
Por primera vez, la dinastía capeta enfrentó una grave falta de heredero directo. ¿Será la maldición templaria la culpable? Esta crisis de sucesión sería el pretexto de la Guerra de los Cien Años, que desgarraría a Francia. Mientras tanto, la búsqueda de un nuevo rey se volvió imperativa.