Introducción
Las sospechas de traición rondaban a los sobrevivientes: “todo superviviente es sospechoso”. Una madre fue declarada muerta por un simple error y su cuerpo solo se encontró años después. El campo fue clausurado hace mucho tiempo, pero los números tatuados en los brazos siguen marcando a los prisioneros de por vida.
Testimonios
Józef Paczyński (1920)
Prisionero número 121, parte del primer transporte y barbero del comandante Rudolf Höss. Cuando le preguntan por qué no se suicidó, la respuesta lo acompañará toda su vida.
Marceli Godlewski (1921)
Miembro del Ejército Nacional y ejecutor del Kedyw. Tras meses de interrogatorios terminó en el campo, del que escapó en la primera oportunidad.
Lidia Maksymowicz
La más joven: una niña de tres años que se ocultó bajo una litera para escapar de la mirada del Dr. Mengele.
Karol Tendera
Prisionero número 100 430, infectado de tifus como parte de un experimento médico. Nunca podrá aceptar que se hable con impunidad de “campos de exterminio polacos”.
Stefan Lipniak (1924)
Pasó cuarenta y cuatro meses entre alambres. Prefiere no hablar mucho del pasado, pues la vida es mucho más que el recuerdo del campo.
El libro que recoge sus historias
Los conmovedores relatos de estos sobrevivientes aparecen en Dobranoc, Auschwitz. Report on Former Prisoners, obra de Aleksandra Wójcik y Maciej Zdziarski, publicada recientemente por la editorial Znak Horyzont.

Conclusión
Setenta años después, muchos ex prisioneros de Auschwitz siguen entre nosotros. Los vemos en la calle, en el tranvía o en la farmacia, y a menudo pasamos de largo sin reconocer la historia que llevan. Aún tienen mucho que contar.