Historia de Europa

Hundir al Bismarck y ganar: La Segunda Guerra Mundial en el Mar – Historia Global

Un portaaviones japonés ligeramente dañado quedó en el astillero y se perdió durante la gran confrontación naval conocida hoy como la Batalla de Midway. La derrota japonesa permitió a EE. UU. pasar a la ofensiva y acabar con Japón en 1945. Un torpedo bien colocado inmovilizó el timón del acorazado "Bismarck", sellando su destino. Tras su hundimiento, los Aliados obtuvieron una ventaja decisiva en el Atlántico. No hay duda: las guerras se ganan o se pierden en el mar.

Así plantea Craig Symonds, destacado historiador naval estadounidense, en su libro The Second World War at Sea: Global History, publicado recientemente en Polonia. Symonds escribe con autoridad, ya que sirvió en la Marina de EE. UU. y trabajó en varias academias militares navales.

En su obra más reciente nos lleva de océano en océano, señalando los momentos clave de la guerra marítima que determinaron las severas derrotas aliadas en la primera fase y, tras tomar la iniciativa, la victoria sobre las potencias del Eje: Alemania, Italia y Japón.

En cualquier conflicto armado la atención pública se centra en el terreno: defensa y captura de ciudades, líneas de frente, puentes, aeropuertos, centrales o refinerías.

Sin embargo, en el mar la línea de frente no existe y un solo buque y su capitán pueden decidir…lo todo. Así ocurrió en la Segunda Guerra Mundial, donde el hundimiento o daño de una nave alteró el equilibrio y abrió la ofensiva en todo el "frente". El caso más emblemático fue el acorazado "Bismarck" y su fatal travesía por el Atlántico.

Cuentos de hadas y hechos

El 24 de mayo de 1941, el "Bismarck" hundió al HMS Hood, el buque más grande de la Marina Real, en seis disparos a 18 km. La noticia conmocionó al primer ministro Winston Churchill, que tras fumar unos puros y tomar un vaso de whisky ordenó la búsqueda inmediata del "Bismarck" entre las tormentas del Atlántico. Churchill exigió a sus almirantes acciones más audaces, pues temían enfrentarse a un acorazado tan poderoso.

Los británicos cumplieron la orden, pero la victoria no la obtuvo una flota de grandes buques de guerra, sino un diminuto Swordfish lanzado desde un portaaviones. Este biplano torpedero, reminiscente de la Primera Guerra Mundial, llevaba dos torpedos precisos bajo el fuselaje.

Hundir al Bismarck y ganar: La Segunda Guerra Mundial en el Mar – Historia Global

Como relata Symonds, uno de esos torpedos impactó en la popa del "Bismarck", bloqueó su timón y le dejó sin capacidad de maniobra, sumergiéndolo bajo el fuego y los torpedos de los buques británicos.

"Rodney" abrió el fuego: a las 09:02 una torreta de 406 mm golpeó la proa del "Bismarck". Ambas torres delanteras quedaron inmovilizadas; los cañones del primero cayeron al mar y los del segundo apuntaban inútilmente al cielo. No se recibieron más órdenes desde el puente, pues tanto Lütjens como Lindemann habían muerto.

Symonds no menciona la posible participación del destructor polaco ORP Piorun en la hundida del "Bismarck", lo que sugiere que otro mito naval polaco puede quedar relegado a los "cuentos de hadas".

La batalla que cambió el rumbo de la guerra

En las próximas páginas de su obra (casi 900 páginas), Symonds describe con viveza otras batallas cruciales en los mares y océanos del mundo, prestando atención tanto a los factores naturales – lluvia, niebla, oscuridad – como a la personalidad y resistencia mental de almirantes y comandantes. En enfrentamientos donde ninguno de los bandos contaba con una ventaja cuantitativa o tecnológica clara, la coincidencia jugó un papel decisivo.

Un ejemplo es la ofensiva japonesa contra la isla de Midway. El Imperio enviaba una poderosa flota con cuatro portaaviones; el quinto, "Zuikaku", quedó en puerto tras perder aviones en la Batalla del Mar de Coral. Symonds explica: "Los japoneses podrían haber reubicado aviones y pilotos del Saratoga al Yorktown para reabastecer a Zuikaku, pero eso contravenía su sentido del orden. Como resultado, solo enviaron cuatro portaaviones a Midway".

Hundir al Bismarck y ganar: La Segunda Guerra Mundial en el Mar – Historia Global

La ausencia de ese "quinto aeropuerto flotante" marcó la diferencia. EE. UU. contaba con tres portaaviones operativos en el Pacífico y el atolón de Midway era el cuarto. "El atolón no podía maniobrar, pero tampoco podía hundirse", señala Symonds.

Midway supuso el punto de inflexión en la guerra del Pacífico, permitiendo a los estadounidenses pasar a la ofensiva, desembarcar en Guadalcanal y lanzar posteriores asaltos a islas japonesas. Las batallas navales posteriores se resolvieron consistentemente a favor de EE. UU., gracias a su abrumadora superioridad aérea, garantizada por los innumerables aviones que despegaban de sus portaaviones.

Mientras tanto, Japón había perdido prácticamente todos sus portaaviones y sus gigantes "Musashi" y "Yamato" fueron hundidos por pilotos estadounidenses en cuestión de minutos.

En definitiva, fue la aviación desde los portaaviones la que decidió el resultado de la Segunda Guerra Mundial en el mar, tanto en los grandes enfrentamientos del Atlántico y el Pacífico como en los menores choques anglo‑italianos en el Mediterráneo y anglo‑alemanes en el Norte y el Mar de Noruega. Por ello, la tesis de que "las guerras se ganan en el mar" debería ampliarse a "y sobre él".