Historia de Europa

Pasos hacia la Segunda Guerra Mundial (VII): la crisis de los Sudetes, la Conferencia de Múnich y el desmembramiento de Checoslovaquia

Antecedentes de Checoslovaquia

Checoslovaquia surgió como un estado nuevo, algo artificial, tras la desintegración del Imperio Austrohúngaro tras la Primera Guerra Mundial. Era un país poco cohesionado, compuesto por cuatro grandes territorios (Bohemia, Moravia, Eslovaquia y Rutenia) y habitado por una gran diversidad étnica y social: unos 6.000.000 de checos, 3.000.000 de eslovacos, 3.350.000 de alemanes concentrados en los Sudetes, 750.000 de húngaros, 500.000 de rutenos y 90.000 de polacos (cifras aproximadas).

Pasos hacia la Segunda Guerra Mundial (VII): la crisis de los Sudetes, la Conferencia de Múnich y el desmembramiento de Checoslovaquia

La presión alemana y la cuestión de los Sudetes

Tras la anexión de Austria en 1938, la posición de Checoslovaquia se volvió extremadamente vulnerable; el territorio estaba en la mira de Hitler. En el país existía un movimiento pan‑germánico que, bajo el liderazgo de Konrad Henlein, se había convertido en una corriente pro‑nazi.

En marzo de 1938 Hitler se reunió con Henlein y le pidió que presentara a su gobierno unas exigencias que fueran imposibles de aceptar. En abril Henlein entregó una lista de demandas al presidente Edvard Beneš: autonomía para las zonas de habla alemana, compensaciones para la minoría alemana por los supuestos perjuicios sufridos desde 1918 y la plena libertad de los habitantes del Sudete para adoptar la nacionalidad alemana.

Los Sudetes eran una zona industrial y fuertemente fortificada que, históricamente, nunca había formado parte del Imperio Alemán. Alemania inició una campaña para su anexión. A mediados de mayo de 1938 Checoslovaquia movilizó su ejército alegando que Alemania estaba concentrando tanques en la frontera. Las declaraciones de Francia, la URSS y Gran Bretaña frenaron temporalmente a Hitler, pero la tensión reapareció en septiembre tras el discurso de Hitler en Núremberg el 12 de ese mes. El gobierno de Praga declaró la Ley Marcial.

Primeras negociaciones

Francia aceptó la mediación británica; la URSS quería una postura intransigente contra Alemania, pero las potencias occidentales desconfiaban de la capacidad militar rusa. Polonia, por su parte, se oponía a que tropas soviéticas cruzaran su territorio para defender Checoslovaquia.

El 15 de septiembre el primer ministro británico, Neville Chamberlain, viajó a Alemania buscando una solución pacífica. Hitler le indicó que la incorporación de los Sudetes era la única salida honorable para el Reich. Chamberlain convenció a su homólogo francés, Édouard Daladier, para que presionaran a Beneš. En una reunión del 22‑23 de septiembre, Hitler advirtió al premier británico que no estaba dispuesto a negociar y le dio tres días para entregar los Sudetes.

La Conferencia de Múnich

Con la amenaza de una guerra inminente, el Reino Unido preparaba su flota y Francia completaba la Línea Maginot. La URSS alentó a Beneš a resistir prometiendo ayuda militar y presionó a la Liga de Naciones para que defendiera la integridad checoslovaca. Ante la perspectiva de un conflicto, Benito Mussolini, inspirado por Chamberlain, propuso una conferencia para resolver la cuestión. Hitler aceptó; el encuentro tendría lugar en Múnich.

Comentario de Chamberlain antes de la conferencia (27 sep 1938): "Es horrible, increíble y fantástico que tengamos que cavar trincheras por una disputa en un país lejano del que sabemos nada... Soy pacifista hasta lo más profundo de mi ser. La guerra es terrible, pero antes de entrar en ella debemos estar seguros de que algo muy importante está en juego".

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El acuerdo de Múnich

El 29 de septiembre de 1938 se reunió la Conferencia de Múnich, con la presencia de Hitler, Mussolini, Daladier y Chamberlain. Se concedió a Alemania el derecho de ocupar los Sudetes (aprox. 16.000 km²), con la promesa de respetar la soberanía restante de Checoslovaquia. Los funcionarios checos y muchas familias que vivían en la zona tuvieron que abandonarla. Francia y Gran Bretaña cedieron para mantener la paz.

Texto del Pacto de Múnich (extracto):
"Alemania, el Reino Unido, Francia e Italia acuerdan la cesión del territorio de los Sudetes. La evacuación comenzará el 1 de octubre y se completará el 10 de octubre, sin demolición de infraestructuras. Una comisión internacional supervisará la ocupación y la realización de un plebiscito..."

Checoslovaquia y la URSS no fueron invitadas a la conferencia. Stalin concluyó que la Unión Soviética no tenía cabida en la diplomacia de las grandes potencias y temió que su país fuera el próximo peón, como había ocurrido con Checoslovaquia.

Reacciones y consecuencias inmediatas

Chamberlain regresó a Londres triunfante, presentando el documento firmado por Hitler como garantía de paz: "La paz para nuestro tiempo". Sin embargo, Winston Churchill calificó el acuerdo como "un desastre y el preludio de la guerra", advirtiendo: "Se les dio la opción entre la indignidad y la guerra. Eligieron la indignidad y ahora tendrán guerra".

Mientras tanto, en Praga el presidente checo, Emil Hácha, fue llamado a Berlín bajo amenaza de bombardeos. Tras un ataque al corazón, accedió a permitir la entrada de tropas alemanas para evitar un masacre. El 15 marzo 1939, las fuerzas alemanas ocuparon Praga y desmembraron Checoslovaquia: se creó un protectorado de Bohemia y Moravia y se proclamó un Estado eslovaco independiente, bajo un régimen pro‑nazi. Polonia se anexionó Teschen y Hungría ocupó el sur de Eslovaquia y la Rutenia.

Hitler no se detuvo allí: en marzo de 1939 anexó Memel y anunció sus reivindicaciones sobre Danzig y el corredor polaco. Ante la acumulación de agresiones, Gran Bretaña declaró que estaba dispuesta a ir a la guerra si se producía otra invasión. Chamberlain, el 17 marzo, reconoció que la política de apaciguamiento había fracasado y que había sido sistemáticamente engañado por Hitler.

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