Antecedentes
El 27 de agosto de 1923, cerca de Kakavia, en la frontera greco‑albana, fueron encontrados muertos tres oficiales italianos, su guía y su intérprete dentro del territorio griego. Los oficiales eran el general Tellini, el mayor Corti y el capitán Bonacini.
Exigencias italianas
Dos días después, el gobierno de Mussolini impuso a Grecia, a quien consideró responsable, cinco condiciones de gravedad creciente:
- Honrar los cuerpos de los fallecidos y la bandera italiana.
- Una disculpa oficial de Grecia a Italia.
- Celebrar un acto conmemorativo ante la presencia de todo el gobierno griego.
- Permitir la participación del ejército italiano en las interrogaciones.
- Condenar a muerte a los culpables.
- Indemnizar a Italia con la suma de 50 millones de liras.
Grecia aceptó las tres primeras, pero Mussolini no quedó satisfecho, pese a las garantías atenienses de que los asesinos eran bandidos albaneses.
Bombardeo y ocupación de Corfú
El 31 de agosto de 1923, tres acorazados, dos cruceros pesados, dos ligeros y otras embarcaciones de la marina italiana aparecieron frente al puerto de Corfú. El comandante de la escuadra envió al prefecto de la isla la orden de rendición. Ante la negativa, los buques italianos abrieron fuego, dejando 15 civiles muertos y 35 heridos. Posteriormente, tropas italianas ocuparon la isla sin encontrar resistencia.
Reacción internacional
Ese mismo día, los embajadores de Gran Bretaña, Francia, Japón e Italia, que supervisaban la delimitación fronteriza, exigieron a Atenas la inmediata identificación de los responsables. La llamada Conferencia de Embajadores, ante la torpeza diplomática de los gobernantes griegos, tomó un papel preponderante, relegando a un segundo plano a la Sociedad de Naciones, precursora de la ONU, que también resultó decepcionada.
Así, Grecia fue acusada y sufrió una flagrante violación del derecho internacional, pese a que no se había probado la responsabilidad de sus ciudadanos en el asesinato.
Presiones y acuerdos
El 8 de septiembre, la Conferencia de Embajadores, con la participación de Italia, presionó a Grecia para que aceptara los términos italianos y pagara los 50 millones de liras, aunque los propios embajadores habían reconocido que Grecia no era responsable del homicidio. Incluso se ignoró el testimonio de un bandido albanés que afirmó haber recibido la orden de asesinar a los oficiales.
Grecia depositó la suma como garantía en la Corte Internacional de Justicia en La Haya, pero la Corte dejó la cuestión en manos de la Conferencia de Embajadores. Finalmente, el 27 de septiembre de 1923, Italia retiró sus tropas de Corfú tras la aceptación total de sus condiciones.
Consecuencias
El episodio supuso una victoria diplomática para el joven dictador fascista Mussolini, una humillación para la Sociedad de Naciones y un precedente que alimentó futuras reivindicaciones italianas contra Grecia. Los asesinos nunca fueron identificados.