Historia de Europa

La contribución de Macedonia a la revolución de 1821: los movimientos revolucionarios

La contribución de Macedonia a la revolución de 1821: los movimientos revolucionarios

Introducción

El profesor Iakovos Michaelidis, de la Universidad Aristóteles de Salónica, analiza los aspectos menos conocidos de la revolución de 1821 en Macedonia y su impacto en la lucha helénica, con motivo del bicentenario del levantamiento.

Según Michaelidis, "la importancia de la revolución en Macedonia no se ha valorado en la medida que merece". Aunque los movimientos fueron fragmentados y sufrieron una sangrienta represión, lograron inmovilizar a las tropas otomanas en la región durante un año y medio, impidiendo que se trasladaran a la Morea y sofocaran la insurrección allí.

Ese retraso dio tiempo a los griegos del sur para lograr victorias decisivas y dar a conocer la revolución a nivel internacional. Además, la participación macedónica mostró la unidad del pueblo helénico bajo dominio otomano. Tras la derrota, muchos jefes y refugiados macedonios se desplazaron al sur, combatieron allí, formaron un lobby macedonio en Atenas y sentaron las bases para que, tras las Guerras de los Balcanes, Macedonia se incorporara al Estado griego.

Movimientos revolucionarios en Halkidiki, Naousa, Macedonia Occidental y el Olimpo

Los levantamientos comenzaron en Halkidiki y el Monte Athos, encabezados por Emmanuel Pappa y el capitán Hapsa, extendiéndose hasta la periferia de Salónica, en Vasilika. Salónica, segunda ciudad europea del Imperio otomano, contaba con una fuerte presencia militar y administrativa; por ello, los otomanos arrestaron y ejecutaron a los líderes de la comunidad griega, sofocando la rebelión.

El episodio de Naousa (febrero‑abril de 1822) se describe como una tragedia comparable a los masacres de Quíos, Psara o el éxodo de Messolonghi. Allí participaron figuras como Gero‑Karatasos, Aggelis Gatsos, Logothetis Zafeirakis y Nikolaos Kasomoulis. Simultáneamente, surgieron pequeñas sublevaciones en Macedonia Occidental, principalmente en la zona de Vermio, donde intervino Georgios Lassanis de Kozani, simpatizante de Alexandros Ypsilantis y la Filiki Eteria.

En la región del Olimpo y Litochoro, algunas ayudas esporádicas llegaron desde el resto de Grecia y de filhelenos como Grigorios Salas, pero los movimientos fueron rápidamente disueltos.

¿Por qué fracasaron estos levantamientos?

Michaelidis señala que, en las tres o cuatro décadas previas a 1821, surgió un nuevo entorno revolucionario entre las comunidades griegas de la diáspora, influenciadas por la Ilustración y el legado de Rigas Velestinlis. Los macedonios, vinculados al comercio exterior, adoptaron esas ideas, lo que sirvió de base a los planes de la Sociedad Filóglifa y de Alexandros Ypsilantis.

No obstante, los planes originales de la Filiki Eteria, que preveían focos revolucionarios en distintas áreas del helenismo subyugado, se fueron modificando y radicalizando. Ninguno de los dos proyectos se materializó, y Ypsilantis no logró llegar al sur como pretendía. La falta de coordinación y la brutal represión dejaron los movimientos macedonios sumidos en la sangre.

¿Hubiera sido diferente una revuelta conjunta?

Ante la hipótesis de una revuelta simultánea de todos los griegos, el profesor responde que "en historia no se hacen predicciones". Sin embargo, sugiere que una revolución generalizada podría haber incitado a los serbios a alzarse, pues la Sociedad Filóglifa consideraba a los serbios críticos para el éxito de sus planes. Un levantamiento macedonio eficaz y simultáneo podría haber desencadenado una revuelta general en los Balcanes, objetivo último de la Sociedad Filóglifa.

APE‑ME