Introducción
Según la narración homérica, Aquiles y sus famosos mirmidones no participaron en las dos primeras batallas que la Ilíada describe como provocadas por una mujer. Sin embargo, al igual que el mito del rapto de Helena, esa ausencia puede ser simbólica. Lo más probable es que los mirmidones, élite del ejército aqueo, sirvieran como reserva general, o que estuvieran operando en otro frente.
El papel de los mirmidones
Tras los primeros enfrentamientos, los troyanos acorralaron a los aqueos en su campamento. Los troyanos se establecieron en la llanura y Agamenón envió una embajada a Aquiles solicitando refuerzos. Aquiles se negó o simplemente no pudo ayudar. Resulta extraño pensar que una unidad de sólo 2 500 hombres pudiera ser decisiva; lo que realmente faltaba a los aqueos era la capacidad estratégica de Aquiles, que se demostraría en la cuarta y última batalla.
La intervención de Patroclo
En la batalla siguiente, los troyanos comenzaron a prevalecer y prendieron fuego a sus naves. En ese momento crítico apareció Patroclo, portando las armas de Aquiles, y al frente de los mirmidones cargó contra los troyanos desorganizados, obligándolos a retroceder casi hasta las murallas de su ciudad, donde se reagrupó.
La estrategia de Aquiles
El ataque de los mirmidones salvó temporalmente a los aqueos, pero la persecución descontrolada de los troyanos hasta las murallas de Ilión aisló a parte de los mirmidones y provocó la muerte de Patroclo. Según la Ilíada, no todo el contingente mirmidón participó: “...pero envío a mi compañero con muchos mirmidones a la lucha”. Al anochecer, Aquiles convocó un concilio de guerra y asumió la dirección estratégica para la cuarta y última contienda.
El plan de batalla
Héctor, fiel a su exitoso esquema defensivo, desplegó a su ejército entre la colina de la nueva Ilión y la margen izquierda del río Escamandro. Frente a él estaban los aqueos, alineados bajo las órdenes de Aquiles: “No os quedéis lejos de los troyanos, sino enfrentadlos hombre a hombre”. El plan de Aquiles era sencillo pero brillante: concentrar sus fuerzas en el centro troyano y bloquear los flancos enemigos. Si lograba romper el frente, el ala izquierda troyana quedaría atrapada entre los ríos Escamandro y Xanto y sería aniquilada.
Desarrollo de la batalla
Al día siguiente, los dos ejércitos se enfrentaron de nuevo, y la llanura brilló con el destello de sus armas. Los troyanos mantuvieron una postura defensiva, pero los aqueos, liderados por el formidable Aquiles, lanzaron sus falanges contra el centro troyano. Los troyanos, poco acostumbrados a esa táctica, cayeron tras una feroz lucha; su centro se desintegró, el ala derecha, comandada por Héctor, huyó hacia la ciudad, y el ala izquierda quedó atrapada entre las lanzas aqueas y los ríos, siendo aniquilada o rindiéndose.
Conclusión
Para subrayar la magnitud del desastre, Homero relata cómo el río Escamandro, deificado, intentó ahogar a Aquiles al llenarse de cadáveres. En el momento culminante, Aquiles, con la lanza y la espada, masacró a los troyanos, y la batalla se decidió a favor de los aqueos. Finalmente, Aquiles mató a Héctor en un duelo justo, alcanzando el punto álgido de su victoria.