Durante el régimen nazi (1933‑1939) los judíos fueron objeto de crecientes restricciones laborales. A continuación se enumeran los trabajos que, aunque limitados, todavía podían desempeñar.
Agricultura
Algunos judíos trabajaban en la agricultura, sobre todo en zonas rurales aisladas o en fincas de propiedad judía.
Trabajo manual no cualificado
Se les permitía realizar labores poco cualificadas en diversas industrias, aunque sus oportunidades eran mucho menores que las de los trabajadores no judíos.
Profesiones específicas
Un reducido número pudo seguir ejerciendo en áreas como medicina, odontología y derecho, pero solo atendiendo a clientes judíos y bajo estrictas limitaciones.
Servicio doméstico
Muchos encontraron empleo como empleados domésticos, cuidadoras, cocineras o niñeras en hogares judíos.
Industria del entretenimiento
Un puñado trabajó como músicos, actores o artistas de teatro, aunque también enfrentaban censura y exclusión.
Con el paso del tiempo, los judíos fueron progresivamente excluidos de la mayor parte de las profesiones: la función pública, la educación, los medios, la banca y otros sectores fueron cerrados para ellos. Para 1939 la mayoría estaba desempleada o empleada en trabajos mal remunerados y precarios, sin posibilidades de ascenso.