El Holocausto no fue la causa del conflicto árabe‑israelí
El genocidio perpetrado contra los judíos en Europa entre 1939 y 1945 no originó el enfrentamiento entre árabes e israelíes. Las raíces del conflicto son mucho más antiguas y complejas.
Desde finales del siglo XIX, el surgimiento del sionismo y la migración judía a Palestina, entonces bajo dominio otomano, generaron tensiones con la población árabe local. Tras la Primera Guerra Mundial, el mandato británico y la Declaración Balfour de 1917 intensificaron esas fricciones. La partición de Palestina propuesta por la ONU en 1947, la creación del Estado de Israel en 1948 y las posteriores guerras árabe‑israelíes consolidaron el conflicto que continúa hoy.
En resumen, aunque el Holocausto motivó una mayor urgencia internacional para encontrar un refugio seguro para los judíos, no fue el detonante del conflicto; éste tiene antecedentes que se remontan a siglos antes.