El Gran Compromiso (Compromiso de Connecticut)
Este acuerdo resolvió cómo serían representados los estados en el nuevo gobierno federal. Los federalistas defendían una representación basada en la población, lo que favorecía a los estados grandes. Los antifederalistas, en cambio, pedían igualdad de representación para todos los estados, independientemente de su tamaño. El resultado fue un Congreso bicameral: la Cámara de Representantes se asigna según la población, mientras que el Senado otorga a cada estado dos senadores.
El Compromiso de los Tres Quintos
Este pacto determinó cómo se contaban los esclavos al calcular la población estatal. Los federalistas querían que se contabilizaran plenamente, lo que habría aumentado el poder de los estados del Sur. Los antifederalistas proponían no contar a los esclavos, favoreciendo al Norte. El acuerdo estableció que cada esclavo contaría como tres quintos de persona para efectos de representación y de impuestos directos.
El Compromiso del Comercio
El tema era quién regularía el comercio interestatal. Los federalistas abogaban por un poder federal amplio, mientras que los antifederalistas querían que los estados mantuvieran esa autoridad. El compromiso concedió al Congreso el poder de regular el comercio entre estados, pero prohibió a los estados imponer aranceles o gravámenes a mercancías provenientes de otras jurisdicciones.
La Declaración de Derechos
Aunque no fue un compromiso directo, la inclusión de la Carta de Derechos surgió como respuesta a las preocupaciones de los antifederalistas. Consistió en diez enmiendas que garantizan libertades fundamentales como la libertad de expresión, religión, prensa y reunión, entre otras.
Estos cuatro acuerdos fueron esenciales para lograr la ratificación de la Constitución. Sin ellos, es probable que la propuesta constitucional hubiera sido rechazada y los Estados Unidos no se hubieran constituido como nación.