Introducción
Cuando queremos indicar que algo está extremadamente lejos, recurrimos al dicho popular «está en la Conchinchina». En el siglo XIX, los españoles realmente llegaron a esa lejana región del sudeste asiático, impulsados por la misión evangelizadora que, en aquel tiempo, servía también como herramienta de expansión comercial y de comunicación.
Los primeros misioneros
Los documentos históricos señalan que los dominicos establecieron su presencia en la Cochin‑China a partir de 1678. Realizaron una intensa labor religiosa, aunque sin lograr abrir mercados, a diferencia de los franceses que sí consiguieron establecer enclaves comerciales en la costa asiática.
Martirios que encendieron la intervención española
El martirio de fray José María Díaz Sanjurjo en julio de 1857 provocó la reacción del gobierno español. Poco después, en 1858, fray Melchor García Sampedro fue brutalmente asesinado por fuerzas del Reino de Anam (actual Vietnam), cuyo emperador, Tu‑Duc, encabezaba una campaña contra los misioneros.
La expedición naval de 1858
Ante la creciente violencia, España aceptó acompañar a la flota francesa, liderada por Napoleón III, en una misión de protección. El 31 de agosto de 1858 se envió la llamada "expedición de castigo", bajo el mando del coronel Bernardo Ruíz de Lanzarote.
- Primer buque: Elcano (2 cañones, 75 tripulantes).
- Posteriormente sustituido por el vapor Jorge Juan (6 cañones, 175 tripulantes).
- Se sumaron la corbeta Narváez y la goleta Constancia.
- Complementaron la fuerza: un regimiento de infantería, dos compañías de cazadores, tres pelotones de artillería y una unidad auxiliar de 1 650 peninsulares y tagalos.
Batallas en el río Fai‑Fo
Los soldados españoles desembarcaron en la inhóspita Cochin‑China, donde el monzón complicaba los combates. En el río Fai‑Fo se enfrentaron a las fortificaciones locales, derribándolas una a una. Los dominicos demostraron una notable valentía, luchando cuerpo a cuerpo con la espada en mano.
Sin embargo, el coronel Carlos Palanca denunció la alta mortalidad y la falta de refuerzos y suministros por parte del gobierno español, lo que generó una profunda crisis política y una retirada vergonzosa.
Consecuencias
El objetivo religioso se alcanzó: el emperador Tu‑Duc concedió la libertad de culto y cesaron las persecuciones contra los misioneros. Francia, sin embargo, fue el principal beneficiario, consolidando su presencia en la región mientras España perdió influencia.
Los soldados españoles, a pesar de la derrota estratégica, mostraron heroísmo frente a los asedios, enfermedades y escasez, y al final de la expedición fueron enviados a Filipinas.
Legado
Los libros de historia españoles suelen omitir estos episodios, pero la verdad es que nuestras tropas llegaron al punto más remoto del planeta: la Cochin‑China. Su sacrificio permitió, en última instancia, la libertad religiosa que hoy disfrutamos en la zona.
