1939: Condena inicial
Al firmarse el Pacto Molotov‑Ribbentrop, las potencias occidentales —Francia y Reino Unido— lo denunciaron como una traición a Checoslovaquia y como una señal de la agresividad nazi. La Unión Soviética, por su parte, lo presentó como una medida defensiva para proteger sus intereses frente al ascenso de Alemania y a la política de apaciguamiento occidental.
1941: Cambio de postura
La invasión alemana a la Unión Soviética en junio de 1941 rompió el pacto de no agresión y transformó la percepción occidental. Los aliados, antes recelosos, empezaron a ver a la URSS como un posible socio contra el nazismo. Estados Unidos, bajo la Ley de Préstamo‑Arriendo, incrementó significativamente la ayuda militar y material a la Unión Soviética.
Así, el acuerdo que inicialmente había sido condenado pasó a considerarse un arreglo temporal entre dos potencias rivales, impuesto por las circunstancias geopolíticas, y sus connotaciones negativas comenzaron a desvanecerse.