Causas de la Revolución Francesa
Desigualdad económica: La sociedad francesa estaba profundamente dividida. Una pequeña élite disfrutaba de enormes privilegios, mientras la mayor parte de la población vivía en la pobreza.
Opresión política: La monarquía absoluta concentraba todo el poder en el rey, sin participación ciudadana. La gente sufría arrestos arbitrarios, encarcelamientos y una carga tributaria excesiva.
Inestabilidad social: El rápido crecimiento demográfico provocó escasez de empleo y alimentos, generando pobreza generalizada, criminalidad y malestar social.
Ideas de la Ilustración: El movimiento ilustrado difundió la razón, la ciencia y la libertad individual, cuestionando el orden tradicional y sembrando deseos de cambio.
El detonante inmediato
En 1789 la crisis financiera alcanzó su punto álgido. El Estado estaba en una deuda abrumadora y no lograba obtener ingresos suficientes mediante impuestos. El pánico se extendió, los bancos fueron asaltados y el rey convocó a los Estados Generales, la asamblea representativa del pueblo.
Los Estados Generales se reunieron en mayo de 1789, pero no pudieron resolver la crisis. El Tercer Estado, que representaba a la población común, exigía mayores poderes y el rey se negó a concedérselos. El 14 de julio de 1789, una multitud parisina asaltó la Bastilla, símbolo de la represión real, marcando el inicio de la Revolución.
Consecuencias
La Revolución Francesa se prolongó durante años y fue sangrienta, pero culminó con la caída de la monarquía y el establecimiento de una república. Su impacto transformó a Francia y a toda Europa, difundiendo los ideales de libertad, igualdad y fraternidad por el mundo.