Destrucción física
La guerra provocó una devastación material sin precedentes en Europa. Ciudades enteras fueron bombardeadas y la infraestructura —carreteras, puentes y ferrocarriles— quedó gravemente dañada o destruida. Esta ruina interrumpió el transporte y las comunicaciones, dificultando el desplazamiento de la población y el acceso a alimentos y otros bienes esenciales.
Pérdida de población
El conflicto cobró la vida de millones de personas y desplazó a muchos más de sus hogares. El enorme número de fallecidos alteró la demografía del continente, mientras que los refugiados y desplazados internos tuvieron que ser reubicados, generando una crisis humanitaria de gran magnitud.
Desestabilización económica
La guerra arrasó fábricas y comercios, y el comercio internacional se vio interrumpido. La producción cayó drásticamente y el desempleo se disparó. Además, los países salieron de la contienda con deudas colosales, lo que dificultó enormemente los esfuerzos de reconstrucción.