Stalin consideraba que los países limítrofes debían convertirse en zonas de amortiguamiento entre la Unión Soviética y el resto del mundo. Estas "zonas tampón" tenían dos objetivos principales.
Seguridad militar
Al rodear a la URSS con Estados aliados o controlados, el régimen soviético buscaba crear una barrera que dificultara cualquier invasión extranjera y le concediera tiempo adicional para organizar la defensa en caso de conflicto.
Expansión ideológica
Además, los países fronterizos servían como plataformas para difundir el comunismo y consolidar la influencia soviética en Europa del Este, asegurando gobiernos afines al Partido Comunista.
De este modo, la estrategia de Stalin combinaba la protección militar con la proyección del modelo socialista hacia el oeste.