Contexto histórico
En los primeros años del siglo XVI, Enrique VIII mostraba una actitud respetuosa hacia Tomás Becket, el arzobispo asesinado en 1170. Incluso visitó su tumba en Canterbury en 1520, con la esperanza de que las reliquias del santo le trajeran buena fortuna.
El cambio de postura del monarca
A partir de la década de 1530, la relación de Enrique con la Iglesia Católica se deterioró rápidamente. Tras romper con Roma y proclamarse jefe supremo de la Iglesia de Inglaterra, inició una serie de reformas que incluían la supresión de los monasterios.
La disolución de los monasterios y la tumba de Becket
En 1538, bajo la política de disolución de los monasterios, la tumba de Tomás Becket fue profanada. Sus restos y reliquias fueron destruidos, y el sitio quedó despojado de cualquier objeto de veneración.
Conclusión
Así, aunque Enrique VIII inicialmente veneró a Becket, su posterior ruptura con la Iglesia Católica y la disolución de los monasterios llevaron a la destrucción de la tumba del santo en 1538.