Antes de la Revolución Industrial, la actividad humana ya alteraba considerablemente el entorno natural.
Deforestación
Los seres humanos han talado bosques durante milenios para abrir paso a la agricultura, los asentamientos y otros desarrollos. La pérdida de cobertura forestal genera erosión del suelo, disminución de la biodiversidad y cambios en el clima.
Sobrepastoreo
El sobrepastoreo ocurre cuando demasiados animales se alimentan en una misma zona, dañando la vegetación y el suelo, y provocando la pérdida de biodiversidad.
Contaminación
Desde los inicios de la civilización, la actividad humana produce contaminación. Las prácticas agrícolas, el manejo de residuos, el transporte y otras acciones contaminan el aire, el agua y el suelo, afectando la salud humana y los ecosistemas.
Caza y pesca
La caza y la pesca han sido fuentes de alimento durante miles de años. Sin embargo, la caza y pesca excesivas agotan poblaciones de especies y desestabilizan los ecosistemas.
Especies invasoras
Las especies invasoras son organismos que no son nativos de un ecosistema y pueden causar daño al desplazar a las especies autóctonas, transmitir enfermedades y alterar procesos ecológicos. Pueden ser introducidas de forma intencional o accidental.
Todas estas actividades ya tenían un impacto negativo en el medio ambiente. La Revolución Industrial, que comenzó a finales del siglo XVIII, intensificó muchos de estos efectos y añadió nuevas formas de degradación, como la contaminación del aire por fábricas y la contaminación del agua por desechos industriales.