Antes de la Conferencia de Múnich
Previo a la Conferencia, la relación entre Gran Bretaña y Alemania estaba tensa por varios motivos.
- Expansión nazi: La política agresiva de Alemania, como el Anschluss de Austria en marzo de 1938, generó preocupación británica sobre sus intenciones y la amenaza a la paz europea.
- Búsqueda de paz: A pesar de esas alarmas, el primer ministro Neville Chamberlain prefería evitar la guerra mediante la política de apaciguamiento, creyendo que ceder a algunas demandas alemanas preservaría la estabilidad.
- Política de apaciguamiento: El Acuerdo de Múnich (septiembre 1938), que cedió a Alemania los Sudetes, simbolizó este enfoque. Chamberlain proclamó haber conseguido “paz para nuestro tiempo”.
Después de la Conferencia y la invasión de Polonia
El 1 de septiembre de 1939, la invasión alemana de Polonia anuló la ilusión de paz creada en Múnich y obligó a Gran Bretaña a reaccionar.
- Declaración de guerra: El 3 de septiembre, junto a Francia, Gran Bretaña declaró la guerra a Alemania, marcando el inicio de la Segunda Guerra Mundial.
- Resistencia decidida: Con Winston Churchill al mando desde mayo 1940, el país abandonó el apaciguamiento y adoptó una política de resistencia firme contra el nazismo.
- Alianzas contra Alemania: Se reforzaron los lazos con Francia, la Unión Soviética y otros aliados, consolidando una coalición que enfrentaría al régimen nazi.
En síntesis, la invasión de Polonia transformó radicalmente la relación entre Gran Bretaña y Alemania: el Reino Unido pasó de la conciliación a la oposición activa, desencadenando la guerra y formando una amplia alianza contra el eje del fascismo.