Las Guerras Anglo‑Holandesas fueron tres enfrentamientos militares entre el Reino de Inglaterra (más tarde Gran Bretaña) y la República Holandesa, desarrollados entre 1652 y 1674. Su causa principal fue la competencia por el control del comercio y las colonias, sobre todo en el Lejano Oriente y América.
Primera Guerra Anglo‑Holandesa (1652‑1654)
El conflicto estalló tras la aprobación de la Ley de Navegación de 1651, que obligaba a que todas las mercancías importadas a Inglaterra fueran transportadas en barcos ingleses. Esta medida supuso un desafío directo a la supremacía marítima holandesa y llevó a los holandeses a bloquear la costa inglesa.
La guerra se libró mayormente en alta mar; ambas potencias lograron victorias tácticas, pero al final los holandeses impusieron su condición. El Tratado de Westminster (1654) puso fin al conflicto, confirmando la libertad de paso para los navíos holandeses pero manteniendo la legislación inglesa.
Segunda Guerra Anglo‑Holandesa (1665‑1667)
Una nueva ronda de hostilidades surgió por la persistente rivalidad comercial. Inglaterra capturó varios buques holandeses en el Índico, lo que provocó un bloqueo holandés de la costa inglesa.
Al igual que la primera, la guerra se desarrolló principalmente en el mar. En 1667 se firmó el Tratado de Breda, que restableció el statu quo: cada parte recuperó sus territorios y el comercio continuó bajo las mismas tensiones.
Tercera Guerra Anglo‑Holandesa (1672‑1674)
Esta vez, Inglaterra se alió con Francia contra la República Holandesa. Las fuerzas combinadas invadieron los Países Bajos, tomando a los holandeses por sorpresa.
Sin embargo, los holandeses reorganizaron su defensa y lograron repeler a los invasores. El conflicto concluyó con el Tratado de Westminster de 1674, que devolvió a Holanda la mayor parte de los territorios perdidos y consolidó su posición naval.
Las Guerras Anglo‑Holandesas marcaron un punto de inflexión en la historia europea: supusieron el declive del dominio holandés en el comercio oriental y el ascenso de Inglaterra como potencia naval dominante. Además, impulsaron la evolución de tácticas navales, como la formación en línea de batalla, que definirían la guerra marítima en los siglos posteriores.