Introducción
El reciente atentado terrorista en Londres llevó a los medios a describir la ciudad como la "cuna de la democracia parlamentaria" y a resaltar el nacimiento de esa democracia en las Islas Británicas. Esto me motivó a retomar la sección dedicada a este tema en mi nuevo libro sobre los Plantagenet, ubicado en el capítulo sobre el rey Enrique III (1216‑1272). Sin embargo, conviene señalar, según la UNESCO, que las cortes celebradas en León en 1188 por Alfonso IX constituyen la prueba documental más antigua del sistema parlamentario europeo.
Enrique III y el surgimiento del parlamento
Enrique III fue un monarca de carácter poco destacado, más interesado en asuntos religiosos que políticos, y su reinado, situado entre los convulsos gobiernos de su padre Juan y su hijo Eduardo I, pasó a la historia principalmente por ser el más largo de un rey inglés hasta la época de la reina Victoria.
Un periodo merece especial atención: el poco más de un año que transcurrió entre las batallas de Lewes (1264) y Evesham (1265), cuando el poder efectivo quedó en manos de Simón de Montfort, mientras el rey quedaba reducido a una figura sin autoridad y un parlamento al que Montfort debía rendir cuentas. A primera vista, este régimen parece un antecedente directo del actual sistema parlamentario británico, aunque la afirmación requiere matices.
De los witenagemots a los primeros parlamentos
Desde la época sajona existía en Inglaterra el witenagemot, una asamblea de nobles y obispos que se reunía una o dos veces al año y que también utilizaban los reyes normandos. Con el tiempo, este consejo se transformó en un cuerpo colegiado que exigía a los monarcas no modificar las leyes sin su participación y aprobación.
Un paso importante lo dio Juan sin Tierra en 1212, cuando ordenó a los sheriffs que asistieran a los consejos reales acompañados de cinco o seis caballeros destacados de su condado. Asimismo, la Carta Magna introdujo la idea de que ningún rey podía imponer impuestos extraordinarios sin el consenso de la comunidad del reino, aunque allí "comunidad" se refería únicamente a los barones y obispos.
El término “parlamento” y la ampliación de la representación
Enrique III fue el primero en emplear la palabra “parlamento” (del francés parler) para designar estas reuniones en 1236, aunque en un principio sólo participaban nobles y obispos. En 1254, ante la necesidad financiera de la conquista de Sicilia, Enrique amplió la representación: los sheriffs debían acudir acompañados de dos caballeros del condado y se permitió la presencia del bajo clero.
Cuando Simón de Montfort tomó el poder en 1264, introdujo la asistencia de dos representantes de las ciudades (burgueses) al parlamento. No lo hizo para democratizar sus decisiones, sino para contar con mayor apoyo frente a los grandes barones que se oponían a él.
¿Un precursor de la democracia moderna?
Hoy sigue en debate en Inglaterra si la lucha de Montfort en la Batalla de Lewes y su gobierno posterior lo convierten en un campeón de la democracia y precursor del actual sistema, en el que el rey reina pero no gobierna, o si actuó por motivos estrictamente personales. Es evidente que ni Montfort ni los barones rebeldes tenían en mente el modelo político británico actual, pero tampoco parece justo reducir sus motivaciones a meros intereses egoístas, pues siempre invocaron la defensa de las “buenas leyes y costumbres del reino”. Como escribe Simon Schama:
«Pocos líderes carismáticos han emprendido una causa sin un toque de ambición y vanidad. Simon no fue la excepción. Pero también es indudable que creía que lo que era bueno para los de Montfort era también bueno para Inglaterra. Y, durante un tiempo, gran parte de la nobleza y de los ciudadanos del reino lo compartieron».
Legado
Lo que queda claro es que, durante más de un año, existió un sistema en el que los parlamentos se convocaban con representación diversa y sin la participación directa del rey en la gestión del país. Reconocer la presencia de caballeros y burgueses marcó el inicio de su inclusión en la esfera política, lo que provocó una progresiva estratificación y diferenciación de clases entre la nobleza y la burguesía.
Con el tiempo, los protagonistas de las negociaciones parlamentarias dejaron de ser el monarca y sus súbditos para convertirse en los grandes señores (nobles y obispos) y los representantes de la burguesía y los ciudadanos, la “cámara de los comunes”… pero esa es otra historia.