Quizá recuerdes la novela Viaje al centro de la Tierra de Julio Verne, pero la historia que te presentamos supera a la ficción. A comienzos del siglo XIX, un entusiasta defensor de la teoría de la Tierra hueca y un presidente estadounidense algo excéntrico planearon una expedición para viajar al interior del planeta y establecer relaciones comerciales con sus supuestos habitantes.
El origen de la teoría de la Tierra hueca
La idea de que la Tierra pudiera ser hueca no nació con la literatura de ciencia ficción. En 1741, el autor noruego Ludvig Holberg escribió Nicolai Klimii Iter Subterraneum, una novela utópica ambientada en el interior del planeta. Sin embargo, la hipótesis científica apareció mucho antes: Edmund Halley (1656‑1742), famoso por calcular la órbita del cometa que lleva su nombre, propuso a finales del siglo XVII que la Tierra estaba compuesta por cuatro esferas huecas concéntricas, cada una con su propio campo magnético y habitada en la esfera interior. Según Halley, las anomalías de la brújula y la aurora boreal se debían a gases que escapaban de esas capas internas.
John Cleves Symmes Jr.: el promotor de la expedición
En 1818, el ex‑militar y comerciante John Cleves Symmes Jr. adoptó la teoría de Halley y la amplió: la Tierra sería hueca, habitable en su interior, y los polos serían aberturas por donde la luz y el calor solar podrían llegar al núcleo. Symmes escribió a "todos los gobiernos, príncipes, legislaturas, ciudades, universidades y sociedades filosóficas del mundo" solicitando apoyo para explorar esas entradas polares y, sobre todo, para abrir rutas comerciales con los habitantes del interior.
«Prometo dedicar mi vida a esta causa; si el mundo me respalda, estoy listo para explorar el vacío».
En 1820 publicó Symzonia: Voyage of Discovery, una obra que promovía expediciones a los polos para demostrar la existencia de la Tierra hueca.
El apoyo del presidente John Quincy Adams
El proyecto ganó notoriedad y llegó a los oídos del presidente John Quincy Adams, un hombre curioso y a veces excéntrico. En 1828 Adams manifestó su disposición a financiar la expedición, aunque su interés parecía centrarse más en la exploración polar que en la hipótesis del interior habitable. Dos eventos truncaron la empresa: la muerte de Symmes en 1829 y la no reelección de Adams, cuyo sucesor, Andrew Jackson, desestimó el proyecto.
El legado del Smithsonian
La historia de la Tierra hueca está entrelazada con la creación del Smithsonian Institution. Fundado en 1846 con la herencia del científico británico James Smithson, el Smithsonian se convirtió en la mayor colección de historia natural del mundo. Smithson había dejado su fortuna a los Estados Unidos bajo la condición de que se destinara a "el aumento y difusión del conocimiento entre los hombres". Aunque el Congreso inicialmente quería usar el dinero para fines políticos, fue el ex‑presidente Adams quien defendió la creación del instituto, asegurando que la ciencia y la educación fueran su propósito.
La teoría en la era nazi
En el siglo XX, la teoría de la Tierra hueca fue retomada por la organización esotérica Ahnenerbe, vinculada al régimen nazi. El grupo buscaba objetos míticos y el supuesto origen ario, incorporando ideas fantásticas como la existencia de civilizaciones subterráneas. Aunque estas creencias carecían de base científica, mostraron cómo la imaginación sobre un mundo interior siguió influyendo en la cultura popular y en agendas políticas extremas.