Historia de Europa

El vino de los reyes y el rey de los vinos: un viaje desde la Antigüedad

Commandaria, el vino más antiguo del mundo

Según el dicho latino De gustibus non est disputandum, es arriesgado declarar que un vino es el mejor. Sin embargo, si nos basamos en los textos clásicos y en la ausencia de guías modernas como Peñín o Parker, podemos aventurarnos a considerar a la Commandaria como el vino más destacado de la Antigüedad.

Esta bebida, elaborada por primera vez hace unos 5.000 años en los pies del Monte Troodos, Chipre, sigue produciéndose hoy. Es un vino dulce de color ámbar profundo, elaborado con uvas que se dejan al sol diez días después de la cosecha para concentrar sus azúcares. Posteriormente maduran en barricas de roble (la antigua práctica de usar vasijas de barro quedó abandonada), lo que intensifica su viscosidad y dulzura. La Commandaria figura en el Guinness World Records como el vino más antiguo del planeta y ha sido testigo y protagonista de innumerables episodios históricos.

El vino de los reyes y el rey de los vinos: un viaje desde la Antigüedad

En 1191, durante la boda de Ricardo Corazón de León con Berengaria de Navarra, celebrada en la capilla de San Jorge en Limassol, se sirvió Commandaria. El propio rey inglés la describió sin rodeos:

«Es el vino de los reyes y el rey de los vinos».

Cuando Chipre pasó a manos de la República de Venecia (finales del siglo XV) y, más tarde, del sultán otomano Selim II, el vino cobró aún más importancia. La adicción de Selim a la Commandaria sería tan grande que, según la leyenda, decidió invadir la isla en 1570 para asegurar su suministro. La invasión desencadenó la formación de la Liga Santa, que venció a los otomanos en Lepanto, aunque Chipre siguió bajo dominio otomano durante tres siglos. Selim quedó apodado «el Borracho» y, como era de esperarse, murió tras una caída provocada por su excesiva embriaguez.

Falerno, el vino de la élite romana

El Falerno era, en la época romana, el vino más caro y exclusivo, reservado a la aristocracia. Su escasa producción y el requisito de un largo envejecimiento lo convertían en un verdadero lujo. Un graffiti encontrado en Pompeya lo ilustra:

«Por una moneda puedes beber vino,
por dos el mejor,
y por cuatro, Falerno.»

Cultivado en una estrecha franja alrededor del Monte Falerno (también llamado Massico) en Campania, cerca de Nápoles, el Falerno era un blanco dulce y de alto grado alcohólico, envejecido durante decenas de años en ánforas de barro.

«No hay vino que hoy se sitúe por encima del Falerno… Tres variedades se distinguen: Falerno Caucino, en la cumbre; Falerno Faustiana, a medio camino; y Falerno, en la ladera inferior.» – Plinio el Viejo, Historia Natural

«¿Por qué tardas, muchacho, en servir el inmortal Falerno?» – Marcial, Epigramas

«Hay vinos, como el Falerno, que cuanto más años guardan, mayor beneficio producen al descorcharse…» – Male, Rerum Rusticarum

El mejor añada registrada es el Falerno Opimiano, del 121 a.C., nombrado en honor al cónsul romano Opimio. Se dice que Julio César, al celebrar su triunfo en Hispania, ofreció este vino en un banquete a los 60 años. El propio Calígula también lo disfrutaba después de sus orgías.

La erupción del Vesubio en el 79 d.C. destruyó la mayor parte de los viñedos. Los intentos de replantar fueron escasos, y el Falerno pasó a ser casi una reliquia de coleccionista. En el Edicto de Diocleciano (301 d.C.) se fijó el precio de 30 denarios por un sextario (aprox. medio litro), mucho más que el de los vinos corrientes (8‑16 denarios).

Galen, médico personal de varios emperadores, recomendó el Triaca de Galeno, una mezcla medicinal que incluía vino como componente curativo. Galeno, buscando el mejor vino del mundo para acompañar su remedio, realizó una degustación de todas las ánforas de Falerno con más de 20 años de envejecimiento, hasta encontrar una que no mostrara amargor y mantuviera su dulzura. Ese vino, según él, era el «mejor de todos».

«Desde todos los rincones del mundo llega lo mejor; dentro de la excelencia se debe escoger lo máximo para los máximos. Así, probé cada Falerno mayor de veinte años hasta hallar el que, sin amargor, conservaba su dulzura. Ese vino era el mejor.»

No conocemos la añada exacta de ese elixir, pero sí sabemos que era… Falerno.

Publicado originalmente en Vivanco