En esa época, la mayoría de los estadounidenses mostraba una postura crítica hacia el Tratado de Versalles. Creían que sus condiciones eran excesivamente severas, que debilitarían a Alemania y podrían desencadenar otro conflicto mundial.
Además, muchos estaban inquietos porque consideraban que Estados Unidos no había obtenido un trato justo: el país no obtuvo los beneficios que esperaban tras su participación en la Primera Guerra Mundial.