Los campos de concentración fueron creados por el régimen nazi para perseguir, encarcelar y eliminar a los grupos que consideraba una amenaza.
Persecución ideológica
La doctrina nazi proclamaba la superioridad de la raza aria. Por ello, judíos, gitanos, comunistas, socialistas y demás opositores fueron aislados y asesinados.
Supresión de la disidencia
El internamiento servía para silenciar cualquier crítica o sospecha de deslealtad, enviando un mensaje de terror a la población.
Trabajo forzado
Muchos campos funcionaban como centros de mano de obra esclava, donde los prisioneros soportaban jornadas extenuantes, hambre y abusos, alimentando el esfuerzo bélico.
Explotación económica
Los internos eran obligados a trabajar en fábricas y otras industrias, contribuyendo a la economía nazi.
Deshumanización
Condiciones inhumanas, torturas y humillaciones buscaban romper la identidad y la voluntad de los cautivos.
Exterminio masivo
En la fase final de la guerra, algunos campos, como Auschwitz‑Birkenau y Treblinka, se convirtieron en centros de exterminio, donde se asesinó a millones mediante cámaras de gas.
En conjunto, los campos de concentración fueron la piedra angular de la política de terror, opresión y genocidio del nazismo.