El enfrentamiento entre España e Inglaterra se originó por una serie de factores políticos, religiosos y económicos que se fueron acumulando desde el siglo XVI.
1. Disputas territoriales
Ambas potencias buscaban expandir sus imperios en América y el Caribe, lo que provocó roces por colonias en Norteamérica, islas del Caribe y territorios de Sudamérica.
2. Diferencias religiosas
España permaneció fiel al catolicismo, mientras que Inglaterra adoptó el protestantismo tras la Reforma. Esta divergencia alimentó la hostilidad, sobre todo durante los períodos de persecución religiosa.
3. Competencia comercial y económica
El crecimiento del comercio mundial convirtió a ambos países en rivales por rutas marítimas, acceso a mercados y control de recursos, generando conflictos comerciales.
4. La Armada española
En 1588, Felipe II envió la Armada para invadir Inglaterra y reinstaurar el catolicismo, pero la derrota inglesa marcó un punto de inflexión en la balanza de poder.
5. Corsarios y piratas
Tanto España como Inglaterra autorizaron corsarios —piratas con licencia estatal— que atacaban la flota y el comercio del adversario, avivando la tensión naval.
6. Guerras de sucesión
Los reinos se vieron involucrados en disputas sucesorias europeas, apoyando a diferentes pretendientes y desencadenando enfrentamientos militares.
7. Rivalidad diplomática
Durante los siglos XVI y XVII, la lucha por alianzas y la influencia en la política europea alimentó continuamente la rivalidad entre ambas potencias.