El arco: base del equipo
Durante la Guerra de los Cien Años (1337‑1453) los franceses temían por encima de todo a los arqueros de los ejércitos ingleses. En batallas como Crecy (1356) o Azincourt (1415) demostraron que el miedo estaba justificado. No podemos reconstruir con exactitud el entrenamiento de los arqueros, pero numerosas ilustraciones y hallazgos arqueológicos nos ofrecen información sobre su vestimenta, equipamiento y armadura.
Los arcos empleados eran los longbows ingleses. La madera de tejo era la más adecuada y se importaba de toda Europa, sobre todo de España y, más tarde, de Italia (Venecia). Un arco óptimo medía una mano más que la altura del arquero, pero la producción en serie los estandarizó entre 170 y 190 cm. Los arcos recuperados del buque inglés Mary Rose son ligeramente más largos, entre 180 y 190 cm.
El arco se fabricaba con la parte dorsal hacia fuera y el vientre hacia dentro, creando una sección transversal en forma de «D». Para tensar el arco se necesitaba una fuerza de 80‑120 lb (≈ 36‑55 kg), mucho mayor que la de los arcos modernos (40‑60 lb). Los arqueros los cuidaban con cera u aceite y los transportaban en fundas de lino. En caso de rotura, llevaban cuerdas de repuesto bajo el casco, protegidas de la intemperie.
Las flechas
Los ejes de las flechas estaban hechos de distintas maderas; los del Mary Rose miden unos 70‑80 cm. En la base del eje se tallaba una ranura transversal para fijar la cuerda, y se adherían plumas —a menudo de ganso, pavo real, cisne u avestruz— envueltas con finos hilos de cáñamo. La punta más frecuente era estrecha, alargada y con una barba afilada.
Cada arquero llevaba un haz de 24 flechas, reabastecido desde los carros de suministro que acompañaban a las tropas. Cuando la batalla se interrumpía, recogían las flechas y, si era necesario, reemplazaban las puntas. En el Mary Rose también se hallaron protectores de antebrazo de cuero, sujetos con correas y hebillas.
No se hallan pruebas de protecciones para los dedos; los arqueros debían haber desarrollado callosidades enormes. Las ilustraciones muestran que tiraban de la cuerda con el índice y el medio, no con los tres dedos como hoy. Los franceses amenazaban con cortar esos dos dedos; los ingleses respondieron mostrando orgullosamente sus dedos índices y medios, gesto que todavía se considera una ofensa grave.

Ropa y armadura: rasgos distintivos
Para protegerse, la mayor parte de los arqueros llevaba un gambesón de longitud hasta la rodilla con mangas acolchadas que se estrechaban hacia la muñeca. Con el tiempo, se introdujeron hombreras y refuerzos en los antebrazos; las costuras pasaron de ser verticales a horizontales y a patrones rombos. Muchos portaban una camisa de malla bajo o sobre el gambesón, y en el siglo XV algunos añadían coraza de pecho o brigantinas.
El calzado consistía en botas o zapatos de cuero. El casco podía ser un bascinet con avental de malla, un casco cónico de una sola pieza o de varias capas de hierro, cuerno o hueso de ballena. Desde la década de 1450, la mayoría utilizaba un schaller sin visera. El peinado era corto y, en marcha o en campamento, llevaban gugeln, sombreros o gorros de piel. Los escudos y emblemas cosidos revelaban su origen municipal. A partir de mediados del siglo XV, los arqueros se distinguían por un chaleco blanco sin mangas con una gran cruz roja de San Jorge en la parte delantera y trasera.
Equipamiento y armamento
En los hogares nobles, los seguidores recibían armas, armadura y equipamiento del señor y de la comunidad a la que servían. El conjunto básico incluía: arco, haz de 24 flechas, espada, uno o varios cuchillos y, a veces, un adarga (pequeño escudo). Extras habituales eran capucha, kit de reparación, cruz de madera o cantimplora.
Para el combate cuerpo a cuerpo, algunos arqueros portaban hacha de guerra, maza o falcón en lugar de espada. Si no se les asignaban caballos, luchaban a pie. La mayor parte de la armadura se transportaba en carros o sobre mulas; algunos equipos eran botín, otros heredados de generación en generación.
El fin del arco como arma de guerra
Con la aparición de las primeras armas de fuego, el arco dejó de ser suficientemente eficaz y fue sustituido. Formar a un arquero requería años; convertirse en arcabucero o mosquetero llevaba apenas unos meses. A partir de entonces, el arco quedó relegado a la práctica deportiva y al ocio, tal como lo conocemos hoy.