Historia antigua

El príncipe, el arte y la muerte (siglos XIV‑XVI)

El príncipe, el arte y la muerte (siglos XIV‑XVI)Al final de la Edad Media los príncipes movilizan el sistema de mecenazgo para construir su sepultura mientras aún están vivos. La sociedad de la época está marcada por la omnipresencia de la muerte, como lo atestiguan los bailes macabros y los "ars moriendi", manuales ilustrados que instruían al cristiano sobre cómo morir bien. En esos libros se muestra la lucha entre el bien y el mal sobre la cama del moribundo, y se advierte contra pecados como el orgullo o la avaricia. Sin embargo, los príncipes organizan su partida con gran pompa. ¿Es el arte funerario de finales de la Edad Media una expresión de piedad particular o, más bien, una manifestación artística impulsada por necesidades dinásticas?

Estatuaria funeraria de los príncipes al final de la Edad Media

Los sepulcros reales se concentran en la Basílica de Saint‑Denis, salvo el de Luis XI. Las figuras reclinadas aparecen ya en el siglo XII y se van desplazando: primero al transepto (dieciséis figuras), luego al norte en el siglo XIV para los hijos de Felipe el Bueno, al sur para Carlos V y Carlos VI, y a partir del siglo XVI se dispersan por la basílica por su creciente monumentalidad (Luis XII al norte, Francisco I al sur, por ejemplo). La estatua reclinada testimonia la fe del difunto; a menudo se idealiza al príncipe y se le añaden símbolos de piedad, como el perro (fidelidad), el león (fortaleza) o la orientación hacia Jerusalén, como en el sepulcro de Carlos IV y Juana de Evreux (post 1328).

A finales del siglo XIII aparecen rasgos realistas en los rostros, como en Felipe III y su esposa Isabel de Aragón, cuya expresión muestra el dolor de una muerte tras una caída de caballo. Este realismo proviene del uso del moldeado en cera de los rostros del fallecido, práctica que inspiró a los escultores del siglo XV. El duque de Borgoña Felipe el Bueno (muerto en 1404) creó una moda que influyó en el rey de Francia y en otros grandes príncipes, como el duque de Berry. En la Cartuja de Champmol se ve una galería con parejas de estatuillas en relieve, vestidas con hábitos simples, que forman una auténtica procesión fúnebre compuesta por eclesiásticos, nobles y miembros de la casa ducal, cada rostro expresando duelo.

Antes del siglo XV el cuerpo del rey se embalsamaba, se rodeaba de regalia y se separaban corazón e intestinos. Con la muerte de Carlos VI (1422) surge la figura de efigie, utilizada hasta Enrique IV (1610): una máscara de cuero y un cuerpo de madera que se “alimentaba” y se transportaba durante el funeral, simbolizando la teoría de los dos cuerpos del rey (el mortal y el inmortal). Al presentar la efigie, los oficiales gritaban "¡El rey ha muerto, viva el rey!", permitiendo la aparición del nuevo soberano.El príncipe, el arte y la muerte (siglos XIV‑XVI)

A principios del siglo XV aparecen también esculturas arrodilladas y a veces demacradas, como la de Luis XI en Cléry o Luis XII en Saint‑Denis, y el sepulcro del cardenal Juan de la Grange en Aviñón. Esta estética macabra se extiende a Italia, aunque allí las figuras reclinadas adoptan temáticas clásicas a partir del siglo XV.

Celebrar la dinastía y heroizar al príncipe

Los príncipes de la Baja Edad Media buscaban rendir homenaje a sus antepasados y a su familia. En Saint‑Denis, por tanto, se encuentran tantos reyes como reinas y sus hijos; lo que se celebra es la dinastía, no solo la monarquía.

Un ejemplo emblemático es el sepulcro de Luis XII y Ana de Bretaña, esculpido por el italiano Guido Mazzoni, que trabajó para el duque de Ferrara. El arco triunfal, de estilo clásico, es una novedad francesa importada del Renacimiento italiano. No obstante, el monumento sigue siendo muy francés en su énfasis en la oración y la reflexión macabra. El conjunto narra un viaje: subraya la corrupción del cuerpo, pero al mismo tiempo expresa la confianza en la resurrección de los soberanos virtuosos. El tumba de Francisco I y Clotilde de Francia muestra una fusión aún más marcada entre los estilos francés e italiano, heroizando al monarca.

Al comparar Francia e Italia, la heroización varía. El sepulcro del gran senescal de Normandía, Luis de Brézé (1460‑1531), lo representa a caballo, triunfante militarmente y rodeado de cariátides. En cambio, el de Francisco I lo muestra como rey cristiano que vence a la muerte. En Italia, la Capilla de los Medici, diseñada por Miguel Ángel para Lorenzo y Piero de Médicis, no insiste en la heroización, sino en la brevedad de la vida y la melancolía, pese a su monumentalidad. El proyecto inconcluso del tumba del Papa Julio II, también de Miguel Ángel, pretendía retratar a un pontífice guerrero y heroico frente a enemigos externos, rodeado de Moisés.

El príncipe, el arte y la muerte (siglos XIV‑XVI)

Otros príncipes, como Anne de Montmorency (1492‑1567), tomaron el modelo real para honrar su propia dinastía. Su mausoleo, obra de artistas renacentistas como Barthélemy Prieur, combina ideales caballerescos medievales con la monumentalidad francesa. El príncipe yace con las manos cruzadas en oración y la espada del constable a su lado, y se reconecta con sus antepasados a través de una iglesia colegiata en Montmorency que exhibe vitrales con la genealogía familiar. Así, el gusto de un gran feudal puede diferir en ciertos aspectos del de su soberano.

Bibliografía

- E. Kantorowicz, The King's Two Bodies, Gallimard, 1989 (1ª edición, 1957).

- R. E. Giesey, The King Never Dies, Flammarion, 1987.

- E. Male, Religious Art of the Late Middle Ages in France, A. Colin, 1995 (1ª edición, 1908).

- B. Bové, Time of the Hundred Years War (1328‑1453), Belin, 2009.

- P. Hamon, The Renaissances (1453‑1559), Belin, 2009.

- N. Le Roux, The Wars of Religion (1559‑1629), Belin, 2009.

Artículo inspirado en una clase del Sr. Amalou, París 1, como parte de la preparación para el CAPES.