Los acontecimientos dramáticos en el Congo y Nigeria llenaron las portadas de los periódicos en la década de 1960. Muchos europeos interpretaron esos conflictos como prueba de la supuesta incapacidad de los africanos para autogobernarse, sin reconocer que sus raíces se encuentran en el pasado colonial que alimentó el orgullo de Europa.
El Congo bajo la sombra de la colonización
Una de las crónicas más elocuentes de la historia temprana del Congo la ofrece Joseph Conrad en Heart of Darkness (1906). En sus vívidas páginas describe la inmensidad del territorio, la abundancia de recursos naturales y la avaricia de los primeros colonizadores europeos. El relato señala el punto crítico en que el Congo, diezmarado por el comercio de esclavos, pasó a ser propiedad del rey Leopoldo II de Bélgica durante treinta años.
En 1908, la presión internacional obligó a Leopoldo a ceder su dominio a la administración belga. Sin embargo, el cambio de autoridad no supuso ninguna mejora para la población congoleña. Desde el inicio de la colonización, los belgas expropiaron tierras, impusieron un rígido sistema de trabajo forzado y provocaron una drástica caída demográfica: regiones antes pobladas y prósperas quedaron desiertas.