Los aztecas, también conocidos como mexicas, dominaron el sur y centro de México desde el siglo XIV hasta el XVI, creando un vasto imperio y una civilización de notable desarrollo. El nombre “azteca” proviene de "Aztlán", la mítica patria del norte de México que en náhuatl significa "Tierra Blanca". Fue popularizado por el historiador jesuita Francisco Javier Clavijero en su obra *La Historia Antigua de México* (1780). Desde las islas del lago Texcoco fundaron la famosa ciudad de México‑Tenochtitlan, cuya población superó a la de cualquier capital europea de la época. Su esplendor sorprendió a los europeos, pero también lo hizo su práctica de sacrificios humanos. En 1521, el conquistador español Hernán Cortés provocó la caída del imperio.
Orígenes de los aztecas
Los aztecas heredaron de los toltecas, hábiles artesanos en pintura, escultura y escritura pictográfica, una tradición cultural avanzada. Los toltecas establecieron la ciudad de Tula alrededor del año 980 y veneraban a Quetzalcóatl, la serpiente emplumada. Tras conflictos internos, el sacerdote‑gobernante huyó al Yucatán y el imperio tolteca se desintegró, dispersando a su población.
Una tribu originaria de la legendaria Aztlán siguió la profecía de Huitzilopochtli, dios de la guerra, que anunciaba que la migración terminaría al avistar un águila devorando una serpiente sobre un nopal. En 1325, los migrantes llegaron al Valle de México y fundaron una isla en el lago Texcoco, un lugar inicialmente inhóspito por la presencia de serpientes venenosas.
Tenochtitlan, capital del Imperio azteca
La ciudad de México‑Tenochtitlan se fundó en 1370 y se alzaba frente al Golfo de México en honor al sacerdote Tenoch, guía de la expedición. En 1375, Acamapichtli, probablemente de origen tolteca, se convirtió en el primer tlatoani, encarnando a Quetzalcóatl. Gracias a la alianza de la Triple Alianza (Tenochtitlan, Texcoco y Tlacopan), el imperio se liberó del dominio de Azcapotzalco en 1428.
Ubicada en una posición estratégica y con una organización sobresaliente, Tenochtitlan prosperó. En 1519, el mercado de Tlatelolco, integrado a la capital, atraía hasta 60 000 visitantes al día. Los tributos de los territorios conquistados abastecían la ciudad y permitían exportar productos a otras regiones del imperio y Centroamérica.
Bajo los gobiernos de Moctezuma I (1440‑1469) y Moctezuma II (1502‑1520) el imperio alcanzó su mayor expansión. Moctezuma I instauró las llamadas "guerras floridas", combates rituales cuyo objetivo era capturar prisioneros para sacrificios y apaciguar a los dioses.
Una religión centrada en el sacrificio humano
Los aztecas eran politeístas y se consideraban el pueblo elegido del Sol. Según su mito, los dioses se sacrificaron en Teotihuacán para crear la luz y, para mantener el cosmos, los humanos debían ofrecer sacrificios divinos que evitaran el retorno de la oscuridad. En la cima del Gran Templo, los sacerdotes extraían el corazón del sacrificado y lo colocaban en una urna de piedra. Las víctimas podían ser prisioneros de guerra, esclavos o propios aztecas que representaban a la deidad.
Los sacrificios también cumplían funciones económicas y políticas: garantizaban la lluvia para los cultivos y reforzaban la autoridad al eliminar físicamente a los enemigos. Ninguna otra civilización precolombina practicó el sacrificio con tanta frecuencia; para los españoles católicos, estos ritos resultaron en una monstruosa perversión.
Civilización azteca: sociedad próspera y jerárquica
Tenochtitlan era una urbe extremadamente densamente poblada, con entre 500 000 y 1 millón de habitantes, superando a París de la época. La ciudad constaba de islas naturales y artificiales, templos, palacios, jardines y acueductos que suministraban agua potable. La agricultura intensiva y el drenaje de pantanos garantizaban cosechas abundantes.
La sociedad azteca era meritocrática: la nobleza no era hereditaria, sino que se ganaba en la guerra. Cada individuo ocupaba un rango social temporal que podía cambiar mediante hazañas. La población se organizaba en aproximadamente veinte calpulli (clanes), cada uno con su jefe. En la cúspide estaban el tlatoani Moctezuma y la familia real, seguidos por sacerdotes y guerreros nobles, la gente común (sujeta a tributos) y, al final, los esclavos. Los adornos y la vestimenta indicaban la posición social.
El idioma azteca pertenece a la rama náhuatl de la familia uto‑azteca. Su escritura ideográfica se plasmaba en papiros y pieles, dando origen a los famosos códices (Borbónico, Boturini, Mendoza, entre otros). El calendario azteca, de origen maya, constaba de 365 días.
Conquista española y caída del Imperio
Cuando el conquistador Hernán Cortés llegó al territorio azteca a principios del siglo XVI, se alió con pueblos tributarios que buscaban liberarse del yugo imperial. El 8 de noviembre de 1519 ingresaron a Tenochtitlan; los aztecas lo recibieron como a un dios y el emperador Moctezuma II lo interpretó como la reencarnación de Quetzalcóatl.
Aunque el primer contacto fue pacífico, la brutalidad del teniente de Cortés, Pedro de Alvarado, provocó una rebelión azteca. Moctezuma II fue asesinado y, la noche del 30 de junio de 1520 (la "Noche Triste"), los aztecas, bajo el mando del príncipe Cuauhtémoc, expulsaron a los españoles. Finalmente, el 13 de agosto de 1521, la capital cayó y Cuauhtémoc fue capturado. Sobre los restos de Tenochtitlan se fundó la Ciudad de México.
El imperio azteca había alcanzado su apogeo antes de la llegada de los españoles, pero la indignación provocada por los sacrificios sirvió como justificación para la conquista y la evangelización forzada. Cortés describió la capital como "la nueva Venecia" por su arquitectura y belleza.
Hoy en México, alrededor de un millón de descendientes de los aztecas forman una minoría mestiza que conserva la lengua náhuatl y una religión sincrética entre tradiciones prehispánicas y catolicismo. Reclaman el reconocimiento de su pueblo y la restitución de piezas como la corona de plumas de Moctezuma, actualmente exhibida en el Museo de Etnología de Viena.
Bibliografía
Jacques Soustelle, *Los aztecas: en vísperas de la conquista española*. Hachette, 2008.
Jacques Soustelle, *Los aztecas*. PUF, 2003.
William H. Prescott, *Aztecs and Incas: Rise and Fall of Two Fabulous Empires*. Pygmalion, 2007.