
Para que la operación alcanzara el máximo impacto, el alto mando ordenó la prohibición de todo vuelo no relacionado, avisó a los pilotos y, durante la noche, puso en estado operativo a la mayor cantidad posible de aviones. La labor nocturna resultó extenuante para los mecánicos; al final, los 34 Gruppen (grupos aéreos) debieron desplegar 900 aeronaves, entre ellas 20 Me 262 del Kampfgeschwader (J) 51. Según fuentes del OKW, en el marco de la Operación Bodenplatte se realizaron 1 035 vuelos el 1 de enero de 1945. Para compensar las pérdidas de los días anteriores, se ordenó que todo el personal de los Geschwader (alas), incluidos jefes y oficiales de estado mayor, participara en combate, lo que explica las enormes bajas de cuadros experimentados que la Luftwaffe sufrió en esa fase de la guerra.
El objetivo era claro: atacar 19 aeródromos aliados situados en Países Bajos, Bélgica y cerca de Metz, Francia, volando bajo los árboles y alcanzando los blancos entre las 09:00 y 10:00 sin ser detectados. Se impuso silencio de radio y, para compensar la deficiente navegación instrumental de los pilotos alemanes, cada grupo de ataque fue guiado por dos cazas nocturnos Junkers 88, cuyos pilotos dominaban los procedimientos. El regreso consistía en seguir la misma ruta o volar hacia el este hasta encontrar un aeródromo alemán.
La elección del 1 de enero no se debió a la supuesta menor capacidad de reacción de los aliados tras la noche festiva, sino a los pronósticos meteorológicos sobre los objetivos. Los pilotos alemanes despegaron entre las 04:00 y 05:00 con buen ánimo, sabiendo que aquella sería su última misión sin fiestas desde hacía tiempo. Aun así, la operación no transcurrió sin problemas: el general al mando de la 16ª División Flak recibió la orden demasiado tarde y no pudo advertir a sus 50 baterías, de modo que muchas no reconocieron los destellos de señalización ni supieron interpretar la luz amiga que guiaba a los cazas.
El ataque
La operación comenzó con el primer bombardeo nocturno de la historia ejecutado por jets: cuatro Arado 234 del KG 76 atacaron Bruselas y Lieja. Su impacto fue limitado, pero sirvió para comprobar, sin alertar a los aliados, que el tiempo era favorable sobre los objetivos. A continuación se describen los resultados de los distintos grupos.
Jagdgeschwader 11 (base en Asch) sufrió una derrota rotunda. Tras despegar para una misión de escolta a las 11:00, los cazas estadounidenses P‑47 Thunderbolt fueron enviados al combate; el JG 11 perdió 11 aviones, incluido el Oberstleutnant Specht. Sólo un avión aliado fue derribado, por error de un P‑51 Mustang. En total, la unidad perdió 28 de 65 aeronaves, con 25 pilotos muertos, entre ellos el Hauptmann Von Fasong.

El JG 6 tenía como objetivo el aeródromo de Volkel, donde operaba el escuadrón 3.º de Tempest. Un error de navegación del Ju 88 guía provocó que sólo 9 cazas alcanzaran el objetivo, encontrándose con 8 Tempest en vuelo. El resultado: 8 cazas alemanes abatidos y escaso daño material.
En el JG 3, comandado por el as Heinz Bär, la misión era Eindhoven. De los 20 Me 109 G que despegaron a las 08:30, 16 se desviaron para apoyar al JG 27 en Gilze‑Rijen. En Eindhoven, los escuadrones canadienses fueron sorprendidos; según informes, “un infierno de 23 minutos” devastó la base, dejando 144 aviones destruidos y 84 dañados en tierra, además de 40 muertos y 145 heridos. Bär anotó sus victorias 203 y 204. Las bajas alemanas fueron 10 pilotos muertos o desaparecidos y 6 capturados (22 % de pérdida).
El JG 1 “Oesau” atacó los aeródromos belgas de Maldegem y Ursel y el francés Saint‑Denis‑Westrem. En Maldegem, la niebla obligó a los alemanes a abandonar el objetivo; en Ursel sólo lograron derribar un B‑17 en reparación y varios bombarderos ligeros. En Saint‑Denis‑Westrem, los cazas polacos del RAF (302.º, 308.º y 317.º) ya habían despegado, lo que originó duelos sangrientos: 32 Spitfire, un B‑17 y un Short Stirling fueron destruidos o dañados, pero la Luftwaffe perdió 24 pilotos, entre ellos el comandante del I Gruppe.
El JG 2 “Richtofen”, bajo el mando del Oberstleutnant Kurt Bühlingen, lanzó 90 Fw 190 contra Saint‑Trond. La falta de coordinación y la intensa defensa antiaérea aliada provocó la pérdida de 12 cazas y la muerte de varios oficiales, incluido el Hauptmann Schröder. En total, el grupo perdió el 40 % de sus pilotos y sólo destruyó 12 P‑47.

El JG 4 del mayor Michalski (70 victorias) sufrió un similar destino: 50 cazas despegaron hacia Le Culot, pero el Ju 88 guía fue derribado por la defensa antiaérea neerlandesa. El grupo perdió 31 aviones y sufrió graves bajas de personal.
En la zona de Bruselas, cuatro grupos de cazas (JG 54, JG 26) lanzaron 170 aviones contra los aeródromos de Grinbergen y Evere. El fuego antiaéreo propio derribó una docena de cazas antes de que alcanzaran el objetivo; los escuadrones polacos de Spitfire abatieron al menos seis más. En Grinbergen se destruyeron seis aviones aliados; en Evere, 60 cazas alemanes arrasaron la base, destruyeron 11 Spitfire y dañaron 12 más, pero perdieron 20 pilotos.
El JG 77, bajo el mayor Leie, atacó el aeródromo de Amberes con 100 Me 109 G14/K4. El Flak propio derribó tres cazas y la dispersión de la formación provocó que parte de los aviones atacaran el aeródromo de Woensdrecht, vacío. Sólo una fracción del III Gruppe alcanzó el objetivo, logrando dañar 14 aviones a costa de cuatro pilotos muertos y varios prisioneros.
El JG 27 del mayor Franzisket (40 victorias) dirigió unos 85 cazas hacia el aeródromo belga de Melsbroek. La falta de habilidad de los pilotos alemanes y la niebla limitaron los resultados: 17 pilotos alemanes muertos o desaparecidos frente a 6 Spitfire, 6 Mosquito y 24 bombarderos medianos aliados destruidos.
El último objetivo fue el aeródromo francés de Metz‑Frescaty, recién ocupado por la 9ª Fuerza Aérea estadounidense. El JG 53 lanzó 50 Me 109 G14/K4; un patrullaje de P‑47 interceptó al II Gruppe, que perdió 9 cazas sin bajas humanas. Los restantes llegaron a Metz a las 09:30, enfrentándose a 40 P‑47 y una densa defensa antiaérea. Solo 30 cazas alemanes lograron regresar, con 14 pilotos muertos.
Evaluación
Al igual que el ataque terrestre del 16 de diciembre, la sorpresa operativa de Bodenplatte fue total: los alemanes ejecutaron 1 035 salidas (o 900 aviones, según fuentes) pese a las pérdidas recientes en el Ardenas. Sin embargo, esa fue prácticamente la única ventaja obtenida. Diez de los 33 grupos de cazas no localizaron sus objetivos, dos atacaron aeródromos inoperativos y nueve lograron escasos resultados. El Flak propio provocó numerosos casos de fuego amigo, tanto en la ida como en la vuelta. Además, la mayoría de los aviones aliados ya estaban en vuelo cuando los alemanes arribaron, lo que redujo drásticamente la efectividad de los ataques contra objetivos en tierra.
Las pérdidas aliadas fueron significativas, pero las alemanas resultaron desastrosas para la Luftwaffe. Dependiendo de la fuente, se estiman entre 300 y 305 aviones destruidos en tierra, entre 30 y 45 abatidos en combate, y entre 213 y 214 pilotos muertos, capturados o desaparecidos, además de decenas de heridos. Se perdieron tres comandantes de ala, seis de grupo y once de escuadrón, una fuente irremplazable de experiencia. Estas bajas, sumadas a la escasez de combustible, repuestos y pilotos, convirtieron a Bodenplatte en la última gran ofensiva aérea alemana que tuvo algún impacto.
El mismo día, los P‑47 basados en Metz –uno de los aeródromos más dañados— ya estaban atacando de nuevo las infraestructuras ferroviarias alemanas, demostrando la rápida recuperación de la fuerza aérea aliada frente a la ruina de la Luftwaffe.
Bibliografía
- Girbig, W. (2004). Six Months to Oblivion: The Defeat of the Luftwaffe Fighter Force over the Western Front 1944/45. Lancaster: Schiffer Publishing.
- Manrho, J.; Putz, R. (2010). Bodenplatte: The Luftwaffe's Last Hope. Mechanicsburg: Stackpole Books.
- Parker, D.S. (1998). To Win the Winter Sky: The Air War over the Ardennes 1944‑1945. Boston: Da Capo Press.