Historia antigua

Asedios y operaciones especiales en la Primera Guerra Civil Castellana (1350‑1369)

Asedios y operaciones especiales en la Primera Guerra Civil Castellana (1350‑1369)

Aunque la Primera Guerra Civil Castellana sigue el paradigma de la guerra medieval —batallas campales puntuales, cabalgatas profundas en territorio enemigo y asedios a castillos, ciudades y villas amuralladas—, los últimos años del conflicto introdujeron una serie de estrategias y recursos que pusieron a prueba los límites humanos y administrativos de ambos bandos. La escasez de recursos obligó a recurrir a incursiones de tierra quemada, a concentrar miles de combatientes y máquinas de asedio en los puntos críticos y, en definitiva, a convertir la guerra en una lucha de posiciones.

Siguiendo la división propuesta por el profesor Julio Valdeón, el conflicto se puede entender en tres etapas:

  • 1350‑1356: primeras rebeliones de la nobleza contra el monarca, con asedios como los de Segura de la Sierra (1354), Toledo (1355) y Toro (1355).
  • 1356‑1366: la llamada Guerra de los Dos Pedros, en la que los reinos de Aragón y Castilla intentan resolver sus diferencias mientras la nobleza rebelde sigue apoyando a Pedro I.
  • 1366‑1369: la verdadera Primera Guerra Civil Castellana. Tras la victoria petrista en Nájera (1367) y la traición del Príncipe Negro, la balanza se inclina definitivamente a favor de los Trastámara, que conquistan una a una las fortalezas de Pedro I hasta el asedio final de Montiel y el regicidio del 23 de marzo de 1369.

La disputa por Toledo y la batalla del puente de San Martín (1355)

En enero de 1355 el legado del papa Inocencio IV excomulgó a Pedro I en la catedral de Toledo, señalando la interdicción del reino. La causa inmediata fue el rechazo de la reina Doña Blanca tras su boda con el monarca, lo que alimentó una rebelión popular que permitió a los partidarios de Enrique de Trastámara ocupar la fortaleza de la ciudad.

Asedios y operaciones especiales en la Primera Guerra Civil Castellana (1350‑1369)

A la primavera de 1355 ambos bandos se lanzaron a una carrera contrarreloj para llegar a Toledo con fuerzas suficientes. Enrique, al mando de su hermano, maestro de la Orden de Santiago, cruzó la Sierra de Gredos por el paso del Pico. Pedro I, por su parte, movilizó tropas de Segovia y Ávila, colocando una emboscada en el puerto de Colmenar de Ávila. Cuando la milicia rebelde intentó descender por el paso del Tiétar, los colmenarenses y refuerzos la rodearon, matando a muchos, entre ellos a Hernán Sánchez Manuel, el Mozo.

Enrique logró escapar hacia Talavera, mientras Pedro I tomó el control del puerto de Tablada y estableció su cuartel. Los petristas lanzaron una campaña de propaganda dentro de la ciudad para provocar un levantamiento interno. El 2 de mayo, las fuerzas de Enrique y de su hermano Fadrique llegaron al puente de San Martín, pero fueron repelidas por la guardia petrista y se acamparon en la Huerta del Rey. Un día después, un engaño interno les permitió abrir la puerta del puente de Alcántara y entrar a la ciudad.

Los asaltos se acompañaron de una brutal persecución contra la población judía. Según el cronista Ayala, el barrio judío de Toledo, uno de los más prósperos del reino, fue sitiado, asediado y finalmente vulnerado tras la apertura de pequeñas brechas en sus murallas.

El 8 de mayo, una fuerza real de casi tres mil caballeros se concentró en el puente de San Martín, punto de acceso al barrio judío. El plan de Juan Fernández de Henestrosa consistió en incendiar las puertas del puente y, al mismo tiempo, hacer cruzar a trescientos hombres de armas por una balsa guiada por cuerdas de cáñamo colocadas por los defensores del barrio. Los invasores escalaron la muralla y, simultáneamente, una segunda ola atacó a los cruzados que defendían el puente, que ardía bajo una lluvia de flechas.

Asedios y operaciones especiales en la Primera Guerra Civil Castellana (1350‑1369)

A pesar de la resistencia heroica de la milicia santiago‑enseñada bajo el mando de Pedro Ruiz de Sandoval, el fuego y la falta de parapetos obligaron a los defensores a retirarse. La caballería pesada de Enrique, apoyada por el maestro de la Orden de Calatrava, cruzó el puente de Alcántara y atacó a los petristas que intentaban cruzar el Tajo. Cuando el puente de San Martín colapsó, los petristas, bajo el mando del propio rey, irrumpieron en la ciudad, acabando con la escasa resistencia Trastámara que quedaba.

El gran asedio de Toledo y la batalla de Montiel (1368‑1369)

Tras la derrota de los Trastámara en Nájera (1367), Enrique volvió del exilio francés con una red de alianzas políticas y económicas que le aseguraron el apoyo de gran parte de la nobleza castellana. Su primera parada fue Burgos, donde tomó la ciudad y sometió al barrio judío y al castillo tras un violento asedio.

Asedios y operaciones especiales en la Primera Guerra Civil Castellana (1350‑1369)

Mientras tanto, Pedro I se había refugiado en la fortaleza de Carmona, en Andalucía, y reunía recursos para enfrentar a su medio hermano. El objetivo principal de Enrique era la conquista de Toledo, ya bajo control petrista. El 30 de abril de 1368 plantó su pabellón en la Vega Baja y comenzó el asedio, cerrando accesos, bloqueando puentes y cortando suministros de agua y alimentos.

El cuerpo de ingenieros, artilleros y carpinteros construyó trebuchets, bastidas y un puente de madera. Durante los meses siguientes se sucedieron ataques y contra‑ataques; la quinta columna Trastámara dentro de la ciudad provocó escaramuzas, como la del Torreón de los Abades, donde un grupo de Trastámara intentó tomar la torre, pero fue repelido y la estructura incendiada.

Asedios y operaciones especiales en la Primera Guerra Civil Castellana (1350‑1369)

El punto focal del asalto siguió siendo la torre que defendía el puente de San Martín. Los sappers Trastámara cavaron una mina bajo la torre, mientras los petristas disparaban balas de pólvora para impedir el trabajo. En diciembre de 1368 los mineros completaron la obra y, al amanecer, se intentó hacer caer la torre. El colapso no se produjo, pero los defensores, bajo el intenso fuego de los asediantes, derribaron el propio puente, rompiendo uno de sus arcos y dejando a la ciudad aislada.

Pedro I, al tanto del peligro, reunió un ejército en Sevilla y, con apoyo nasrí de Granada, intentó aliviar el asedio. El 13 de marzo de 1369 llegó a Montiel y pasó la noche en el castillo de La Estrella. Los espías Trastámara, presentes en Villa Real, informaron a Enrique del movimiento. Decidido a atacar, Enrique dejó una guarnición bajo el arzobispo de Toledo y marchó contra Pedro.

Asedios y operaciones especiales en la Primera Guerra Civil Castellana (1350‑1369)

En la madrugada del 14 de marzo, las tropas petristas, dispersas alrededor de Montiel, fueron sorprendidas por la caballería pesada de las órdenes de Santiago y Calatrava, acompañada por los mercenarios de la «Compañía Blanca» francesa. La batalla fue encarnizada; Pedro I resistió hasta que Enrique rodeó al rey y cruzó el río Jabalón, quebrando la línea petrista. Pedro se refugió en el castillo de Montiel, pero fue asediado. El 23 de marzo, intentando huir, cayó en una trampa y, tras un combate cuerpo a cuerpo, fue asesinado por su propio hermano, con la ayuda del francés Bertrand Duguesclin, sellando el fin de la dinastía de los Pedro y el establecimiento definitivo de la Casa de Trastámara.

Asedios y operaciones especiales en la Primera Guerra Civil Castellana (1350‑1369)

Toledo, después de casi un año de bloqueo, sufrió una gran hambruna. Con la noticia de la derrota en Montiel, la moral realista se desplomó y la ciudad se rindió sin más resistencia. La posterior represión afectó de nuevo a la comunidad judía, que tuvo que pagar enormes multas y muchos fueron vendidos como esclavos.

Conclusiones

La Primera Guerra Civil Castellana siguió los esquemas clásicos de la guerra medieval en la Península: escasas batallas campales (destacando la de Montiel) y una larga guerra de desgaste basada en asedios y tomas de fortalezas. Ambos bandos movilizaron recursos logísticos y económicos considerables, recurriendo incluso a tropas extranjeras, lo que supuso un enorme coste financiero.

Sin embargo, la victoria no se decidió solo por la fuerza militar. La combinación de diplomacia, estrategia, apoyo logístico y operaciones especiales resultó decisiva. Enrique supo aprovechar sus victorias para reforzar alianzas, ejercer propaganda contra Pedro I, emplear espionaje y, sobre todo, ejecutar asedios y operaciones de infiltración que, en conjunto, le aseguraron el trono.

Fuentes primarias

  • Pedro López de Ayala, Crónicas. Buenos Aires: Secret, 1997.
  • Jean Froissart, Crónicas. Madrid: Siruela, 2000.
  • Gutierre Díaz de Games, El Victorial. Salamanca: Ediciones de la Universidad de Salamanca, 1997.

Bibliografía

  • García Fitz, F. (2007). “Guerra cotidiana en la Castilla del siglo XIV”, Historia Medieval, 8, 145‑181.
  • García Fitz, F. (2019). “Uso de la guerra y organización militar en la Castilla del siglo XIV”, Memoria y Civilización, 22, 117‑142.
  • Rojas Gabriel, M. (1997). “¿Nuevas técnicas, viejas ideas? Revolución pirobalística y operaciones de desalojo castrales en las guerras contra Granada (c. 1325‑c. 1410)”, Meridies, IV, 31‑56.
  • Valdeón Baruque, J. (1966). Enrique II. 1369‑1379. Palencia: La Olmeda.
  • Valdeón Baruque, J. (2002). Pedro I el Cruel y Enrique de Trastámara, ¿la primera guerra civil española? Madrid: Aguilar.
  • V.V.A.A. (2017). Ferro Antiguo y Medieval #44: Pedro I el Cruel.