Todo conflicto, sea convencional, irregular o híbrido, se estudia habitualmente en tres fases: los antecedentes (causas lejanas e inmediatas), el desarrollo (los hechos bélicos) y las consecuencias (impacto en vencedores, vencidos y terceros). Tradicionalmente, los relatos intentan ser objetivos, pero siempre terminan favoreciendo a una de las partes según sus intereses ideológicos.
Hoy, la guerra —definida como asimétrica, híbrida o como se prefiera— sigue siendo la misma atrocidad, pero la información se difunde de forma inmediata a través de imágenes y comentarios que solo muestran fragmentos parciales del conflicto.
Así, la guerra parece "entrar" en nuestros hogares como si fuera una película. Además de servir a la propaganda de los bandos, los medios a menudo distorsionan la realidad, ya sea de forma consciente o inconsciente.
Las imágenes recopiladas por prensa y televisión se convierten en el telón de fondo de debates, más o menos objetivos, que nos empujan a tomar partido.
Este es precisamente el caso de la guerra entre Rusia y Ucrania, que nos interesa como europeos por su proximidad geográfica y por la identificación previa del enemigo.
El conflicto genera temor por su posible expansión en territorio europeo y despierta, sobre todo si nos encontramos en la lista de enemigos, una serie de reflexiones contradictorias y a veces erróneas.
Café de analistas en la guerra Rusia‑Ucrania
Hasta cierto punto, los analistas —militares, políticos, diplomáticos, académicos, economistas o periodistas— aportan conocimientos valiosos cuando sus opiniones están respaldadas por una formación actualizada.
No obstante, lo que observamos es una avalancha de información proveniente de comentaristas sin la preparación necesaria, que repiten mentiras de ambos bandos o de sus seguidores. Este bombardeo agota y confunde a quienes buscan una visión objetiva basada en datos veraces.
Los ciudadanos desean confiar en que se les presenta la realidad y no un caos manipulable. La información debe ser clara y bien analizada, sin buscar la audiencia a costa de la objetividad.
La seriedad del análisis histórico‑militar —antes, durante y después— no puede quedar en manos de "expertos" de café o de estrategas oportunistas que, con conocimientos obsoletos, hablan desde la ignorancia básica y se centran más en la guerra que en la paz.
Estos autodenominados expertos discuten sin fundamento temas como la legitimidad del conflicto, la participación política, la ideología de los contendientes, la personalidad de sus líderes, la duración de la guerra, quién gana o pierde, el uso de armas definitivas, la velocidad de los avances, las posibilidades de paz, la eficacia de las sanciones o el riesgo de un conflicto global. Son debates necesarios, pero deben ser llevados a cabo por verdaderos especialistas y por los órganos de inteligencia y gobierno que puedan ofrecer juicios fundados.
«La primera víctima de la guerra es la verdad»
Se suele decir que para resolver un conflicto hay que escuchar con objetividad a todas las partes. Sin embargo, la mayoría de la población sólo recibe una sobrecarga de datos repetitivos y el análisis de rusólogos y ucranólogos “nacidos” con la guerra, que carecen de un conocimiento profundo previo, pero se presentan como la única autoridad.
Estos "expertos" dividen la guerra en un binomio simplista de bien/mal, blanco/negro, según sus intereses, sin preocuparse por la verdad manifiesta.
Olvidan que analizar una guerra sin información global y completa es imposible; esa información suele estar reservada a los directivos de cada bando y rara vez es accesible.
Cuando estos "expertos" trasladan sus conclusiones a la arena política como si fueran armas, se confunde la opinión fundada con la propaganda.
En este contexto, es esencial preguntar a los analistas cuáles son sus fuentes y qué fundamentos sostienen sus hipótesis.
Así, encontramos rusólogos que, desde una proximidad geográfica e ideológica, tienden a la rusofobia, y ucranólogos que, ante la agresión rusa, adoptan una ukrafilia que los lleva a ver a Ucrania como víctima indefensa.
Ambos grupos muestran una profunda ignorancia sobre las causas reales del conflicto y sus verdaderas intenciones, manipulando la verdad según sus convicciones.
Cuando el ruido de los cañones y de los medios cese, será momento de recopilar datos duros y, por parte de los verdaderos expertos, elaborar un estudio histórico‑político‑militar del conflicto que incluya un análisis objetivo de los hechos "antes", "durante" y "después", así como una reflexión sobre la aparición de estos "expertos" mediáticos y sus motivaciones.