Un escenario poco conocido en la guerra cinematográfica
Aunque el cine de guerra suele centrarse en las escapadas de soldados aliados de los campos nazis, rara vez narra los intentos de fuga de prisioneros alemanes. Sin embargo, hubo al menos siete planes a gran escala, como los de Papago (Arizona) o Bridgen (Gales). En esos casos, la distancia al océano obligaba a involucrar submarinos, y la más atrevida fue la Operación Kiebitz, que desencadenó una contrapartida canadiense.
El Campo POW 30 de Bowmanville, Ontario
Situado en la localidad canadiense de Bowmanville, el Campamento POW 30 (también llamado Camp 30) fue creado en 1941 para albergar a prisioneros de guerra alemanes. El terreno, una granja donada al gobierno en 1922, había servido antes como escuela de reeducación para menores delincuentes. En pocos meses se adaptó para recibir a los prisioneros: se construyeron nuevas barracas, torres de vigilancia y un perímetro de alambre de 4,5 m de altura.
Los primeros internos, mayormente marineros, pero también aviadores de la Luftwaffe y soldados del Afrika Korps, llegaron a finales de 1941. En 1942 la población del campamento había crecido tanto que cualquier incidente podía desencadenar un motín, y efectivamente ocurrió.
El motín del comedor y la lucha con palos
En octubre, varios prisioneros se rebelaron contra la amenaza de ser encadenados como represalia por disturbios en Alemania. El comandante del campamento, James Taylor, solicitó a Georg Friemel, oficial alemán, que entregara cien hombres para llevar los grilletes; la respuesta fue un rotundo "no". Ante la negativa, los guardias intentaron forzar la medida y los prisioneros, liderados por Horst Elfe, Otto Kretschmer y Hans Hefele, se atrincheraron en el comedor con palos, barras de hierro y cualquier objeto disponible.
Lo que siguió fue una pelea de cinco días, en la que los canadienses finalmente impusieron el uso de mangueras de agua a presión. Aunque se evitó el uso de armas de fuego, un alemán (Volkmar König) resultó herido por una bala y otro por una bayoneta; curiosamente, el peor herido fue un canadiense con una fractura de cráneo causada por un frasco de mermelada. Tras el motín, 126 prisioneros fueron redistribuidos a otros campos y la calma regresó.
Intentos de fuga individuales
Aunque el trato en el Camp 30 era relativamente cómodo –contaba con piscina, campos deportivos, paga, tiendas, una orquesta y un grupo de teatro– la voluntad de escapar persistía. Entre 1941 y 1943 se registraron varios intentos aislados: un prisionero intentó escabullirse bajo el alambre en noviembre de 1941; otro se ocultó en un camión de lavandería en diciembre; y en julio de 1943 se incautaron un mapa y herramientas durante una inspección. Todos fracasaron, pues la probabilidad de regresar a Alemania desde Canadá era prácticamente nula.
Los túneles y el proyecto "Haus IV"
Los planes más ambiciosos giraban en torno a la excavación de túneles. El más prometedor, llamado Haus IV, medía medio metro de ancho y alto, contaba con soportes de madera, iluminación improvisada y ventilación con latas de hojalata. En septiembre de 1943 el túnel colapsó bajo su propio peso y los guardias lo sellaron.
Operación Kiebitz: el plan de la Kriegsmarine
Con la marina alemana ya sin capacidad superficial, los U‑boats se convirtieron en su principal arma. En 1942 se diseñó la Operación Kiebitz, cuyo objetivo era rescatar a cuatro oficiales submarinistas de Bowmanville: Otto Kretschmer (U‑99), Horst Elfe (U‑93), Hans Ey (U‑433) y Hans Joachim Knebel‑Döberitz, antiguo ayudante del almirante Dönitz.
El plan consistía en escapar del campamento, recorrer 1 500 km hasta la bahía de Chaleur, en New Brunswick, donde un submarino alemán se pondría a la espera, emergiendo cada noche durante dos horas. Los mensajes cifrados se enviaron a través de la Cruz Roja. Sin embargo, la contrainteligencia canadiense descubrió la trama y preparó la Operación Pointe Maisonnette, dirigida por el comandante Desmond Piers de la Marina Real Canadiense, para capturar el submarino.
El engaño de los guardias y la fuga fallida de Wolfgang Heyda
Los guardias fingieron ignorar la excavación de otro túnel (en realidad tres), equipándolo con rieles para transportar la tierra en carretillas. Cuando el túnel colapsó parcialmente, los prisioneros lo repararon y, al acercarse la fecha de la operación, los guardias lo bloquearon. En medio del caos, Wolfgang Heyda, capitán del U‑434, logró escapar usando cables de energía para abrir la alambrada y abordó un tren con destino a New Brunswick.
Allí fue detenido por la Policía Montada y los soldados. Ignoró que una trampa había sido tendida para el submarino U‑536 que debía recogerlo. En el faro de Pointe Maisonnette se instaló un radar de superficie portátil y una patrulla compuesta por el destructor HMCS Chelsea, los corbetes HMCS Agassiz, HMCS Shawinigan, HMCS Lethbridge, cinco dragaminas y el corbeta HMCS Rimouski, equipado con camuflaje de luz difusa.
El enfrentamiento final en el mar
El 26 de septiembre de 1943, el U‑536 emergió y envió señales de contacto. Los canadienses respondieron, pero el capitán Rolf Schauenburg sospechó y, al detectar barcos con sus hidrófonos, ordenó la inmersión inmediata. La flota canadiense los persiguió durante una larga noche de gato‑y‑ratón, lanzando cargas de profundidad hasta que el submarino logró abrirse paso al mar abierto. Sin embargo, el U‑536 fue hundido el mes siguiente frente a las Azores por un buque británico y dos canadienses.
Ambas operaciones –la alemana y la canadiense– fracasaron. La historia inspiró la película The McKenzie Break (titulada en español «Los que saben morir»), aunque con nombres cambiados y la acción trasladada a Escocia.
Hoy el antiguo Camp 30 sigue en pie; tras la guerra sirvió como escuela de entrenamiento hasta 1979, luego albergó instituciones educativas diversas y, desde 2013, está protegido como Sitio Histórico Nacional de Canadá.