Infancia y formación
Georg Konrad Morgen nació en Frankfurt en junio de 1909, hijo de un ingeniero de locomotoras. Tras trabajar brevemente en un banco, estudió Derecho en la Universidad de Frankfurt y completó estudios en la Academia Internacional de La Haya, así como en Berlín, Roma y Kiel. Durante sus años universitarios se afilió a la sección académica del DVP (Deutsche Volkspartei), heredera del Partido Liberal Alemán, con ideas monárquicas, conservadoras y nacionalistas.
Incorporación al Partido Nazi y a la SS
Con la llegada al poder de Adolf Hitler en 1933, el DVP se disolvió y muchos de sus miembros, incluido Morgen, se pasaron al NSDAP. Poco después ingresó en la Schutzstaffel (SS), la organización paramilitar nazi encargada de la seguridad de actos y concentraciones.

Primeros cargos judiciales
En abril de 1939 fue nombrado juez del distrito de Szczecin, en Pomerania Occidental. Su mandato fue breve: absolvió a un maestro que había golpeado a un alumno de la Juventud Hitlerista, lo que provocó su destitución. Con el estallido de la Segunda Guerra Mundial, Morgen sirvió en la Waffen‑SS durante la invasión de Francia (1940) y, tras la ocupación, fue reclutado como juez del tribunal de la SS.
En 1941 fue trasladado al tribunal de Cracovia, donde comenzó a investigar la corrupción dentro de la SS. Entre los acusados estuvo el teniente Hermann Fegelein, sobrino de Himmler, a quien imputó apropiación de joyas judías, extorsión a través de una amante sospechosa de espionaje polaco y, posteriormente, violación.
Reasignación y trabajo contra la corrupción
La intervención de Himmler puso fin a la investigación y Morgen fue degradado a teniente, quedando al servicio de la 5ª División Panzergrenadier “Wiking” en el Frente Oriental. En 1943, tras la Batalla de Kharkov, recibió la orden directa de Himmler para incorporarse al Reichskriminalpolizeiamt (RKPA), la Oficina de Policía Criminal del Reich.

Desde el RKPA, Morgen se encargó de perseguir la corrupción en los campos de concentración. Su primera misión fue Buchenwald, donde investigó al director Karl‑Otto Koch y a su esposa Ilse Koch, acusándolos de malversación, fraude, robo, consumo de alcohol, delitos sexuales y asesinatos. Tras su traslado a Majdanek, descubrió que Koch desviaba fondos del SS, robaba pertenencias de prisioneros y ordenó asesinatos para ocultar su sífilis.
Casos emblemáticos
Ilse Koch, apodada “la bruja de Buchenwald”, fue juzgada por experimentación humana y por supuestamente confeccionar pantallas de lámparas con piel de prisioneros; la última acusación fue desestimada, pero los demás cargos le valieron cadena perpetua. Se suicidó en 1967.
Martin Sommer, conocido como “el perro de Buchenwald”, torturaba a los internos y asesinó a dos sacerdotes. Fue degradado, enviado a un batallón de castigo, capturado por el Ejército Rojo y, al regresar a Alemania, condenado a cadena perpetua en 1957.
Waldemar Hoven, médico del campo, fue condenado a muerte por el asesinato de un oficial de la SS que amenazaba con delatarlo; su sentencia fue conmutada por necesidad de médicos y ejecutada en 1948.
Investigaciones en los campos de exterminio
Morgen también examinó los informes contra Christian Wirth, responsable de los campos de exterminio de la Operación Reinhard (Treblinka, Sobibor y Belzec). Descubrió apropiación de bienes y ejecuciones masivas que habían llevado a la introducción del gas como método de asesinato.
En Auschwitz‑Birkenau interceptó un envío de dientes de oro extraído ilegalmente de los presos y, tras ampliar la investigación, acusó al comandante Rudolf Höss y al jefe de la Gestapo local, Maximilian Grabner, de homicidios con fines de lucro. Sus archivos fueron incendiados y uno de sus asistentes desapareció misteriosamente.

En total abrió cerca de ochocientas denuncias; alrededor de doscientos procesos llegaron a sentencia, involucrando a los comandantes de Dachau, Flossenbürg, Herzogenbusch, Sachsenhausen y Lublin, con penas que iban desde la degradación hasta la ejecución.
Posguerra y legado
Aunque ferviente nazi, Morgen sostuvo que su deber era aplicar la ley por encima de la ideología. Fue testigo de la defensa en los juicios de Núremberg, donde minimizó los horrores de los campos y defendió que en Buchenwald existían cine, biblioteca y prostíbulos para los prisioneros.
Afirma que su objetivo era frenar los asesinatos, no salvar a los judíos, y que su accionar nació más por la lucha contra la corrupción que por una oposición al genocidio. Tras la guerra continuó ejerciendo como abogado en Frankfurt, se jubiló en 1979 y falleció en 1982.