Historia antigua

El Imperio Romano se vuelve cristiano

El Imperio Romano se vuelve cristiano

Fresco que representa un banquete cristiano en las catacumbas de los Santos Marcelino y Pedro, Roma • WIKIMEDIA COMMONS

La evangelización del antiguo Mediterráneo suele presentarse como una inversión radical: de una religión perseguida y minoritaria a una fe oficial y dominante. ¿Cambió realmente la historia del mundo occidental, creando una ruptura profunda entre valores, política y sociedad? La respuesta es matizada.

Misa en casa

La idea de una "Iglesia de las catacumbas" es un mito refutado por la arqueología moderna. Estos cementerios subterráneos no fueron refugios de comunidades clandestinas, sino respuestas prácticas al crecimiento demográfico. Los cristianos no se enterraban allí de forma exclusiva ni los usaban como lugares de culto. El culto a los mártires no se instaló en las catacumbas sino al aire libre: la memoria de Pedro se celebraba en el Vaticano desde el año 180 y, a partir de 258, la de Pedro y Pablo en la Vía Apia.

Los primeros cristianos se expresaban en la esfera pública mediante símbolos discretos: la letra griega chi (X) como inicial de Cristo, el “pez” que, mediante un acróstico, proclamaba "Jesucristo, Hijo de Dios, Salvador", o el juego de palabras oinos christos ("vino de calidad" o "vino de Cristo").

El evangelio se difundía en la frontera entre lo público y lo privado. Las primeras iglesias eran casas familiares dirigidas por el cabeza de familia; el bautismo se celebraba en el ámbito doméstico y colectivo. La casa romana no era solo el núcleo nuclear, sino una unidad productiva (granja, taller o tienda) que incluía esclavos y empleados, integrados en la comunidad religiosa alrededor del hogar. Esta configuración favorecía la participación de mujeres en funciones de liderazgo y protegía a los cristianos de la represión, que rara vez superaba el umbral de la puerta de la casa.

Lejos de ser una religión de los débiles o marginados, el cristianismo atraía a personas de diversos estatus. No buscaba alterar el orden social, sino aprovechar las redes existentes para difundir su mensaje.

Una religión que viaja

Desde Jerusalén, los apóstoles siguieron las rutas de la diáspora judía hasta Roma, Alejandría, Anatolia y Oriente Próximo, fundando comunidades cerca de sinagogas (ej. Dura-Europos, Siria, o Esmirna). La cristianización se insertó en el movimiento secular de cultos orientales que llegaban al Mediterráneo, coexistiendo con cultos a Isis, la Gran Madre o Dionisio, sin diferir mucho externamente salvo por la ausencia de templos y estatuas.

Esta diversidad dificultó la medición de la conversión: ¿se consideraba cristiano el bautismo, la lectura de los evangelios o la oración privada? Los "lapsi" (cayidos) fueron mucho más numerosos que los mártires, evidenciando identidades cristianas fluidas y a veces frágiles.

Los obispos, ante disputas locales (p. ej. entre la provincia de Asia y Roma alrededor del 190), crearon redes episcopales que facilitaban la correspondencia, el traslado de personas y fondos, y dieron origen a la práctica sinodal para resolver conflictos doctrinales. Sin embargo, aún faltaba una organización jerárquica centralizada.

Los cristianos acusados de dividir el Imperio

El año 250 marcó un quiebre: comenzaron las persecuciones bajo Decio (249‑251), Valeriano (257‑258) y Diocleciano (303‑311). El rito del sacrificio público se convirtió en prueba obligatoria de lealtad a los dioses tradicionales y, por ende, de pertenencia a la comunidad cívica.

Estas medidas no perseguían al cristianismo por su fe, sino buscaban reforzar la unidad sagrada del Imperio frente a amenazas externas e internas. El emperador Caracalla (212) había extendido la ciudadanía romana a todos los habitantes libres, intentando crear una comunidad política universal basada en el helenismo. Para lograr una cohesión religiosa, los sucesores emperadores intentaron absorber cultos locales (el sol de Aureliano, los dioses tradicionales de Júpiter y Hércules bajo Diocleciano, etc.).

Las persecuciones provocaron divisiones internas: debate sobre el valor del martirio y la readmisión de los "lapsi". Aun así, el cristianismo siguió creciendo. Los edictos que confiscaban bienes eclesiásticos demostraron que la fe ya había alcanzado a las clases altas. Los espectáculos de martirio en los anfiteatros, lejos de eliminar la fe, la hicieron visible ante miles de espectadores, atrayendo nuevos conversos.

Ante la ineficacia de la represión, los emperadores concedieron amnistías (Gallieno en 260, Galerio en 311). El camino quedó abierto para que, bajo Constantino, el cristianismo se convirtiera en la religión del emperador y, con el edicto de Tesalónica en 381, en la religión oficial del Imperio.

Línea de tiempo

  • ~40 d.C. Aparece el término "cristiano" en Antioquía y Roma, acuñado por los romanos.
  • 112 d.C. El emperador Trajano confirma que el cristianismo es una religión prohibida pero no perseguida.
  • ~190 d.C. Celsus publica su "Verdadera Palabra", iniciando el debate intelectual sobre el cristianismo.
  • ~230 d.C. Las casas‑iglesia ganan visibilidad pública, como la de Dura‑Europos (Siria).
  • 250 d.C. Primera gran persecución: el edicto de Decio obliga al sacrificio público.
  • 311‑313 d.C. Edictos de tolerancia: Galerio otorga libertad de culto y Constantino el Edicto de Milán.
  • 381 d.C. El cristianismo niceno se declara religión oficial con el edicto de Teodosio I.

Pedro y Pablo, los apóstoles de Roma

La asociación de Pedro (predicador entre judíos) y Pablo (apóstol de los gentiles) constituye la base simbólica del cristianismo romano. Aunque no hay registro histórico de su presencia o muerte en Roma, a partir de 180 se celebra su culto funerario en el Vaticano y, desde 258, juntos en la Vía Apia. En el siglo IV, la teología refuerza su doble patronazgo para posicionar a Roma como cabeza de una Iglesia unificada en su diversidad.

Los cristianos, ciudadanos como los demás

Una carta anónima del siglo II dirigida a "Diogneto" muestra cómo los cristianos se presentaban como ciudadanos responsables: pagaban impuestos, obedecían la ley y no vivían en guetos. Su diferencia radicaba en un sistema de valores propio, el evangelio, que guiaba su conducta sin aislarlos del resto de la sociedad.

Para profundizar
How Our World Became Christian, Marie‑Françoise Baslez, Points, 2015.
After Jesus. The Invention of Christianity, Roselyne Dupont‑Roc y Antoine Guggenheim, Albin Michel, 2020.

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