Contexto histórico
Algunas naciones guardan una tradición marcial que desafía la muerte. Los polacos, como los griegos, pasaron siglos bajo el yugo de tres potencias: Alemania, Austria y, sobre todo, Rusia. Cuando estalló la Primera Guerra Mundial, gran parte de Polonia formaba parte del Imperio zarista.
Los legiones polacas al servicio austrohúngaro
Los austríacos, más políticos que los rusos, prometieron independencia nacional a los polacos a cambio de su apoyo. Así, muchos sujetos del zar se alistaron voluntariamente en el ejército austrohúngaro y formaron las Legiones Polacas, en honor a las unidades que sus antepasados habían creado para Napoleón, quien también les había prometido libertad.
Despliegue en Vukovina
En la primavera de 1915 la 2ª Brigada Polaca fue enviada a Vukovina. Infantería y artillería polacas ocuparon trincheras frente a los rusos. Simultáneamente, las compañías de caballería 2ª y 3ª se unieron para crear el 2.º Regimiento de Ulanos Polacos, bajo el mando del coronel Zbigniew Dunin‑Vazović, un oficial valiente y ferviente defensor de la independencia polaca.
La ofensiva del 12‑13 de junio de 1915
El 12 de junio, el mando austrohúngaro ordenó un ataque combinado contra las posiciones rusas. La infantería austríaca llevó a cabo la ofensiva principal, pero fracasó. Al día siguiente los rusos contraatacaron y, por la tarde del 13 de junio, avanzaron hacia la zona de Rokitna.
Ante esta amenaza, el alto mando ordenó a Vazović que atacara con su caballería, cubriendo el flanco izquierdo de la infantería austríaca que se replegaba.
La carga de los 73 jinetes
Vazović aceptó la misión con apenas 73 jinetes polacos. La infantería se desplegó en dos filas y, al sonido de la corneta y bajo la consigna “¡Viva Polonia!”, avanzó con la bandera en lo alto. Los caballeros empezaron a galopear ligeramente, luego a paso de galope y, al recibir fuego ruso, desataron una carga furiosa con la espada en mano.
En menos de quince minutos los polacos atravesaron tres líneas de trincheras rusas, cortando a pie de camino a cualquier soldado que se interpusiera, y llegaron hasta la línea de artillería enemiga. El precio fue alto: 17 muertos y 30 heridos, de los cuales ocho fueron hechos prisioneros.
Aunque la carga provocó pánico entre los rusos, la infantería austrohúngara no aprovechó la oportunidad, de modo que el sacrificio polaco quedó sin una respuesta decisiva.
Consecuencias y legado
La hazaña quedó inmortalizada en la historia militar y en la canción “La canción de Vazović”. Ese mismo himno fue entonado por los héroes polacos de Monte Cassino durante la Segunda Guerra Mundial. Los cuerpos de los caídos, entre ellos el propio Vazović, el capitán Ilis Kizielnicki y el teniente coronel Włodek, fueron inicialmente enterrados en territorio que pasó a Rumanía después de la Gran Guerra; en 1923 fueron repatriados a Cracovia.
El asalto a Rokitna está grabado en el Monumento al Soldado Desconocido de Varsovia. Tras el Tratado de Brest‑Litovsk, la 2ª Brigada Polaca se rebeló contra los austro‑alemanes, pues su único objetivo seguía siendo la liberación de la patria.