Introducción
Todos hemos visto The Great Escape, la famosa película de John Sturges con Steve McQueen, James Garner, Charles Bronson y otros. Esa cinta narra una fuga real de prisioneros aliados durante la Segunda Guerra Mundial. Lo que pocos conocen es que, treinta años antes, en 1917, se produjo una hazaña similar que ha sido apodada la Primera Gran Fuga.
El campo de Holzminden
Situado en la pequeña localidad sajona de Holzminden, el complejo consistía en dos recintos: un campamento de trabajo para unos diez mil civiles polacos, rusos, belgas y franceses, y una prisión de alta seguridad destinada a oficiales británicos capturados. Esta última, inaugurada en septiembre de 1917, reutilizaba una antigua cuartel de caballería y estaba formada por dos edificios de cuatro pisos cada uno (Kaserne A y Kaserne B).
Los prisioneros eran en su mayoría aviadores, muchos de los cuales habían sido derribados por el famoso Barón Rojo. La guardia estaba a cargo del Corps X de Hannover, bajo el mando del general Karl von Hanisch y, después de él, del capitán Karl Niemeyer, que había vivido en Milwaukee y hablaba inglés con acento americano, lo que le valió el apodo de "Bill Milwaukee" entre los internos.
Vida dentro del recinto
Más de quinientos oficiales británicos estaban recluidos bajo la vigilancia de entre cien y ciento sesenta guardias. Algunos internos contaban con tareas de asistencia que les permitían moverse con relativa libertad dentro del recinto, que disponía de cocinas, baños, una bodega de carbón, gimnasio y celdas de castigo, todo rodeado por una doble alambrada de púas y un jardín protegido por un muro exterior.
El día a día era extremadamente duro: raciones escasas, trato brutal y, en ocasiones, ejecuciones a bayoneta. Sin embargo, los prisioneros recibían paquetes de comida de sus familias y de la Cruz Roja, lo que les permitió sobrevivir e incluso superar en calidad de vida a sus carceleros en los últimos meses de la guerra.
Para sobrellevar la situación organizaban deportes, lecturas y representaciones teatrales. Entre ellos se encontraba el teniente James Whale, que años después se convertiría en el célebre director de Frankenstein y The Invisible Man.
El plan de fuga
Desde el inicio, los oficiales soñaban con escapar, probando distintas tácticas: cortar la alambrada, disfrazarse de soldados enemigos o de trabajadores civiles, incluso de mujeres. Los intentos eran a menudo exitosos, pero la mayoría de los fugitivos eran recapturados poco después.
Todo cambió en septiembre de 1917 con la llegada del capitán David Gray, quien diseñó un plan mucho más ambicioso: cavar un túnel bajo la cerca que permitiera la salida simultánea de varios hombres.
El túnel
Gray, junto al capitán Caspar Kennard y el teniente Cecil Blain, decidió iniciar la excavación desde Kaserne B, el bloque donde se alojaban. El objetivo era llegar a menos de diez metros del exterior, lo que requería trabajar con utensilios de cocina como cuchillos. Para ventilar el túnel improvisaron una pequeña bomba casera, y para evitar la vigilancia en la escalera que daba al túnel se disfrazaron como subordinados y construyeron una puerta falsa en el desván.
Cuando el sargento Niemeyer ordenó colocar centinelas en la zona de la salida, el túnel tuvo que alargarse otros veinte metros, ocultando la nueva boca en un campo de maíz. El trabajo se prolongó hasta mediados de julio de 1918, cuando el 23 de ese mes se planificó la fuga nocturna.
El escape
Inicialmente estaban previstos 86 prisioneros, pero antes de la fecha límite el túnel colapsó, dejando al descubierto la obra. A pesar de ello, 29 hombres lograron escapar. Nueve fueron recapturados y enviados a otros campos; los diez restantes caminaron durante dos semanas hasta llegar a los Países Bajos, país neutral, y desde allí embarcaron hacia Gran Bretaña, donde fueron recibidos como héroes.
Entre los escapados estaban los tres iniciadores del plan y el coronel Charles Rathbone, el oficial de mayor rango, que logró regresar a Inglaterra en solo cinco días gracias a su fluido alemán y a un tren que tomó.
Consecuencias
Cuatro meses después, el 11 de noviembre de 1918, la guerra terminó. En diciembre, la prisión de Holzminden cerró sus puertas; los oficiales incendiaron el mobiliario antes de abandonarla. Hoy los edificios siguen en pie, pero en lugar de albergar prisioneros enemigos, sirven como cuarteles para soldados alemanes.
Fuentes
The Tunnellers of Holzminden (Hugh Dunford) • The Real Great Escape (Jacqueline Cook) • Escape from Germany (Neil Hanson) • Wikipedia.
Libro recomendado
The War Behind the Wire: The Life, Death and Glory of British Prisoners of War, 1914‑18 (John Lewis‑Stempel)