Frances Power Cobbe nació en 1822 en una familia irlandesa adinerada y con influencia social. Pasó sus primeros treinta años cuidando a una madre enferma y viviendo bajo la indiferencia de un padre distante, mientras sus hermanos mayores se independizaban y sus primos apenas permanecían en casa. Nada presagiaba la vida poco convencional que llevaría, tan alejada de los moldes victorianos.
Con un carácter fuerte y mucho tiempo libre, se dedicó al estudio intenso. Tras perder la fe en el cristianismo tradicional, publicó en 1855, de forma anónima, Essays on the Theory of Intuitive Morals. La decisión de anonimato obedecía a su género y al deseo de no irritar a su padre, que desaprobaba su espiritualidad alejada de la Biblia y su defensa de las ideas de Darwin. Frances, sin conformarse con la ciencia, también intentó concienciar a su padre sobre las injusticias que sufrían las mujeres, anticipando las críticas al darwinismo social que surgirían más tarde.
Independencia y primeros pasos
Cuando su padre falleció en 1857, la herencia le dejó una modesta pensión destinada solo a gastos personales y la mayor parte a su hermano. Orgullosa, rechazó depender de él y abandonó la casa familiar. Se incorporó al Red Lodge Reformatory for Girls en Bristol, bajo la dirección de Mary Carpenter, aunque pronto descubrió que no le gustaba trabajar con adolescentes ni la rigidez del internado. Además, la relación con Carpenter se tensó por diferencias de carácter.
Siempre atraída por la aventura, Frances viajó sola, algo poco frecuente para una mujer de su época. En Italia conoció a un grupo de artistas que vivían en relaciones lésbicas y disfrutaban de una vida social libre; allí también encontró a su compañera de vida, la escultora Mary Lloyd, con quien compartió más de treinta años de trabajo y amor independiente.
Sus viajes la llevaron a Egipto y Oriente, donde fue reconocida por viajeros y locales por su labor periodística. Trabajó como corresponsal en Italia para el Daily News y escribió regularmente para el Echo y Fraser's Magazine, mientras continuaba publicando ensayos.
Activismo por los derechos de la mujer
Desde sus primeros escritos, Cobbe mostró una profunda conciencia de justicia social. En su artículo What Shall We Do with Our Old Maids? refutó la polémica publicación de W.R. Greg, Why are Women Redundant?, que describía a las mujeres como seres sin deseo y meros parásitos. Frances defendió la agencia, el valor y la capacidad de las mujeres para ser felices e independientes sin necesidad de matrimonio o maternidad.
Denunció la violencia de género como algo normalizado en la época. Su obra Wife Torture in England (1878) llevó el tema al debate público. Argumentó que la mera penalización física no bastaba; era necesario facilitar el divorcio y el derecho de la mujer a poseer bienes. Gracias a la presión de activistas como ella, el Parlamento aprobó el Matrimonial Causes Act (1878).
También luchó por el acceso femenino a la universidad. En 1862 habló en la reunión anual de la Social Science Association, siendo ridiculizada por algunos, aunque el Times la calificó como la mejor presentación del día. Los colegios femeninos surgieron en la década de 1870, pero tardarían medio siglo en que Oxford y Cambridge admitieran a mujeres.
Para Cobbe la falta de voto era la raíz de la mayoría de injusticias. En su artículo The Duties of Women (1881) instó a la participación política femenina y participó en la fundación de la Society for Women's Suffrage (1872), contribuyendo activamente al movimiento sufragista.
Empatía, amor y muerte
Además de preocuparse por la situación de la mujer, Frances mostró una sensibilidad singular por los animales. Su artículo The Rights of Man and the Claims of Brutes (1863) denunció la crueldad y la vivisección. En 1875 fundó la Society for the Protection of Animals Liable to Vivisection (Victoria Street Society) y editó su influyente revista Zoophilist. Convenció a obispos de Bristol y Manchester de unirse a la causa y, aunque logró la aprobación del Cruelty to Animals Act (1876), su propuesta de experimentar solo con animales anestesiados fue rechazada, obligándola a seguir luchando contra la vivisección.
Dirigió la asociación hasta 1884, cuando se retiró con una pensión de 100 libras anuales. Un legado de £25 000 de un amigo anti‑viviseccionista permitió a Frances y a Mary Lloyd mudarse a Gales y vivir con comodidad. La muerte de Mary en 1896 marcó profundamente a Frances, quien siguió escribiendo y activando hasta su propio fallecimiento en 1904. Entre sus últimos trabajos destaca el libro benéfico The Confessions of a Lost Dog, dedicado al perro que la pareja adoptó. En 1898 fundó el British Union for the Abolition of Vivisection, convencida de que la lucha necesitaba una organización más enérgica.
Aunque en vida fue reconocida y admirada, pocos años después de su muerte cayó en el olvido, eclipsada por la aparición del WSPU de las Pankhurst. Su legado como activista, periodista y escritora merece ser recordado como un ejemplo de rebeldía contra las normas sociales y de lucha por un mundo más justo.
Bibliografía
- Cobbe, Frances Power y Atkinson, Blanche (1904). Life of Frances Power Cobbe as told by herself. Londres: S. Sonnenschein & Company.
- Hamilton, Susan (2001). “Making History with Frances Power Cobbe: Victorian Feminism, Domestic Violence, and the Language of Imperialism”. Victorian Studies, 43(3), 437‑460.
- Hamilton, Susan (2006). Frances Power Cobbe and Victorian Feminism. Nueva York: Palgrave Macmillan.
- Mitchell, Sally (2004). Frances Power Cobbe: Victorian Feminist, Journalist, Reformer. Charlottesville y Londres: University of Virginia Press.
- Phelps, Norm (2007). The Longest Struggle: Animal Advocacy from Pythagoras to PETA. Nueva York: Lantern Books.