Historia antigua

Triunfo en el Estrecho: la Batalla del Salado (1340)

Triunfo en el Estrecho: la Batalla del Salado (1340)

El 23 de septiembre de 1340 se inició el asedio benimerín a Tarifa, el último intento de un poder norteafricano por asentarse y expandirse en la Península Ibérica. La Batalla del Salado fue la consecuencia directa de los enfrentamientos entre cristianos y musulmanes por el control del estrecho de Gibraltar. En este breve ensayo se sintetiza el desarrollo táctico de una de las mayores batallas campales de la Reconquista, apoyándose en la bibliografía especializada y en las fuentes disponibles.

En septiembre de 1340, decidido a impedir que los musulmanes tomaran la estratégica plaza de Tarifa, Alfonso XI comunicó a los principales nobles de su reino su intención de ayudar a la ciudad y de enfrentar a los musulmanes en una gran batalla campal. Para que el sultán Abu al‑Hasan respondiera al desafío, los monarcas de Castilla y Portugal enviaron emisarios advirtiéndole que esperara y ofreciera batalla en la Laguna de la Janda; el monarca marroquí replicó orgullosamente que lucharía contra los cristianos, pero no en el lugar que ellos deseaban, sino alrededor de Tarifa.

Al percibir la aproximación del ejército cruzado, los benimerines levantaron el sitio, incendiaron sus máquinas de asedio y se retiraron a los cerros circundantes, adoptando una posición claramente defensiva. Abu al‑Hasan confiaba en su posición estratégica y en su superioridad numérica. Por su parte, Castilla, inmersa en serios problemas financieros, necesitaba una victoria rotunda que despejara la amenaza sobre Tarifa. El ejército castellano se organizó en cinco cuerpos con clara intención ofensiva:

  • Retaguardia: formada mayoritariamente por peones bajo el mando de Gonzalo de Aguilar y el leoncés Pedro Núñez de Guzmán. La crónica los describe como la peor calidad de las tropas reunidas.
  • Corazón del ejército: liderado por el propio Alfonso XI, protegido por los mesnaderos reales y por los hostes episcopales y arzobispales, junto a un gran número de caballeros dalgo.
  • Flanco derecho (orilla): al mando de Alvar Pérez de Guzmán, quien dirigía a sus caballeros y a soldados de frontera ligeramente armados para contrarrestar la velocidad de la caballería musulmana.
  • Flanco izquierdo (orilla): comandado por el rey de Portugal, Alfonso IV, suegro de Alfonso XI. Mil caballeros portugueses se reforzaron con unos tres mil castellanos.
  • Vanguardia: integrada por la élite de la nobleza castellana, bajo el liderazgo de Juan Núñez de Lara, Alonso Méndez de Guzmán y el escritor militar Don Juan Manuel, junto a los hostes municipales de Sevilla, Jerez y Carmona.

Los musulmanes dividieron sus fuerzas en cuatro grandes secciones:

  • Retaguardia: unos 6 000 jinetes comandados por Hammu al‑Asri, reservados para intervenir donde más se necesitara.
  • Centro: bajo el mando directo de Abu al‑Hasan, donde se esperaba la mayor intensidad del combate.
  • Flanco derecho: dirigido por Yusuf I, monarca de Granada, situado en colinas que ofrecían una posición defensiva ventajosa, con caballería en el centro y arqueros infantiles y turcos en los flancos.
  • Flanco izquierdo: al frente de su hijo Abu Umar, protegiendo la zona más cercana a Tarifa, también en terreno colinoso.

Fue el rey Alfonso XI quien, después de la misa celebrada por el arzobispo de Toledo, Gil de Albornoz, dio la orden de cruzar el río Salado, iniciando así los combates.

Primer intento de cruce del Salado

La vanguardia cristiana intentó primero vadear el Salado, pero la resistente avanzada marínida bloqueó el paso. Impaciente, Alfonso XI envió a Don Juan Manuel preguntas sobre la demora; el caballero García Jofre Tenorio presionó para que se lanzara un ataque decisivo. Ante la indecisión de Don Juan Manuel, su propia guarnición intentó cruzar, pero el noble lo golpeó con una maza, generando desconfianza entre los cabos de la vanguardia, que quedó bajo el mando de Juan Núñez de Lara.

Los hermanos Gonzalo y Garcilaso Ruiz de la Vega, vasallos de don Fadrique y don Fernando, cruzaron por un pequeño puente romano, sorprendiendo a los musulmanes. Sin embargo, el contingente cristiano que cruzó apenas sumaba 800 hombres frente a 2 500 jinetes benimerines, lo que provocó una dura contra‑ataque que obligó a los cruzados a retroceder.

Triunfo en el Estrecho: la Batalla del Salado (1340)

Alfonso XI, percibiendo la amenaza, envió a Alvar Pérez de Guzmán con 1 500 caballeros pesados para reforzar a los cruzados. La ayuda del flanco derecho quebró la resistencia musulmana en ese sector. Ante el revés, Abu al‑Hasan ordenó a su hijo Abu Umar que lanzara una carga de 3 000 caballeros marínidas contra el puente, obligando a los cristianos a abandonar la cabeza de puente que habían logrado establecer.

Segundo intento y cruce definitivo

Alfonso XI, a caballo, avanzó personalmente hacia el río. Los líderes de la vanguardia, Juan Núñez de Lara y el maestro de Santiago Alfonso Méndez, cruzaron con el resto de la vanguardia, entrando en combate cuerpo a cuerpo con los benimerines que defendían los vados. La presión cristiana obligó a la tropa musulmana a ceder terreno y permitió que la vanguardia castellana rodeara al enemigo y ascendiera una pequeña colina a la derecha de los benimerines.

Desde esa posición, la vanguardia lanzó un ataque frontal contra la guardia real marínida, pero la codicia de los castellanos los desvió hacia el saqueo del botín del sultán, dejando desprotegido el centro del ejército musulmán.

Mientras tanto, la guarnición de Tarifa, bajo Juan Alfonso de Benavides, salió al campo y atacó frontalmente a la superioridad numérica musulmana (aprox. 3 000 jinetes y 8 000 infantes), que pronto se rindió, dejando sin defensa el palacio de Abu al‑Hasan y a sus numerosas esposas. Parte de la retaguardia benimerina huyó hacia Algeciras, mientras otros combatían en el centro del ejército musulmán.

Alfonso XI había cruzado ya el río y sus tropas se enfrentaban al numeroso contingente musulmán. Determinado a eliminar al sultán, ordenó una carga contra el centro del enemigo. En ese momento, los benimerines lanzaron una lluvia de flechas que rozó al rey, hiriéndole la silla de montar. El monarca, sin perder la calma, animó a sus hombres a no flaquear.

El propio Alfonso XI intentó unirse al combate, pero fue detenido por Gil de Albornoz. Los guardias del rey, la élite de los hostes castellanos, defendieron ferozmente al monarca: Sancho Sánchez de Rojas, Garci García de Grijalba, Íñigo López de Orozco y Juan Estébanez de Castellanos.

Triunfo en el Estrecho: la Batalla del Salado (1340)

Cuando la situación se volvió crítica, la retaguardia bajo Gonzalo de Aguilar, junto a los hostes municipales de Córdoba, Écija, Zamora y el obispo de Mondoñedo, reforzó al rey, estabilizando el centro cristiano. Ante la renovada presión, los benimerines, rodeados por todos los flancos, realizaron una fuga desordenada hacia Algeciras, dejando el campo a manos de los cristianos.

En el flanco norte, los reinos de Granada y Portugal también combatieron intensamente a lo largo de la parte alta del Salado. El contingente castellano‑portugués, bajo el mando de Alfonso IV, se enfrentó a las tropas andaluzas de Yusuf I; la llegada oportuna de la infantería castellana de Pedro Núñez de Guzmán reforzó a los portugueses y les permitió vencer a los granadinos.

Conclusión

La victoria cristiana fue indiscutible y resonó en toda la cristiandad, aunque las limitaciones logísticas castellanas impidieron aprovechar plenamente el triunfo, según el arzobispo de Toledo Gil de Albornoz. La derrota supuso el fin de la expansión benimerín en la península; tras la pérdida de Algeciras en 1344, Abu al‑Hasan centró su política expansionista en el Norte de África. Alfonso XI, embriagado por la victoria, siguió conquistando Alcalá la Real, Priego, Carcabuey, Rute y Benamejí. Aunque no logró tomar Gibraltar por su muerte en 1350, el llamado “problema del estrecho” quedó resuelto: ninguna potencia norteafricana volvió a intentar asentarse en la península.

Bibliografía

  • AYALA MARTÍNEZ, Carlos; PALACIOS ONTALVA, Santiago y RÍOS SALOMA, Martín (eds.), Guerra Santa y Cruzada en el Estrecho. La península occidental en la primera mitad del siglo XIV, Madrid, Flint, 2016.
  • BENEYTO, Juan, Cardenal Albornoz. Canciller de Castilla y líder de Italia, Madrid, Espasa‑Calpe, 1950.
  • Crónica de los dos primeros reyes de Portugal, ed. Carlos da Silva Tarouca, 2 vol., Lisboa, Academia Portuguesa de la Historia, 1952.
  • GARCÍA FERNÁNDEZ, Manuel, Andalucía: Guerra y Frontera, Sevilla, Fondo de Cultura Andaluza, 1990.
  • Gran Crónica de Alfonso XI, ed. Diego Catalán, 2 vol., Madrid, Gredos, 1977.
  • HUICI MIRANDA, Ambrosio, Las grandes batallas de la Reconquista durante las invasiones africanas (Almorávides, Almohades y Benimerines), Granada, Universidad de Granada, 2000 (1ª ed. 1956).
  • MUÑOZ BOLAÑOS, Roberto, “El Salado 1340. El fin del problema del Estrecho”, Revista Universitaria de Historia Militar, 2 (2012), p. 153‑185.
  • O´CALLAGHAN, Joseph F., The Gibraltar Crusade. Castile and the Battle for the Strait, University of Pennsylvania, Philadelphia, 2011.

Notas

[1] O´CALLAGHAN, The Gibraltar Crusade, p. 174‑175.

[2] MUÑOZ BOLAÑOS, “El Salado 1340…”, pp. 155‑156.

[3] Desde 1331, bajo el sultán Abu al‑Hasan, los benimerines lanzaron una política exterior agresiva que los llevó a intentar dominar ambas orillas del estrecho y a expandirse en la península. En 1333 tomaron Gibraltar y, entre el verano de 1338 y la Batalla del Salado, se desarrolló una “guerra total” en la Baja Andalucía y en la frontera con el Reino de Granada. GARCÍA FERNÁNDEZ, Andalucía: Guerra y Frontera, p. 56‑68.

[4] Estudio clásico de Ambrosio Huici Miranda, complementado por los trabajos de Wenceslao Segura González, Roberto Muñoz Bolaños y Nicolás Agrait, que permiten conocer con detalle el desarrollo de este enfrentamiento.

[5] CSPRP, pp. 331‑333; GCAXI, cap. CCCXV y CCCXVI.

[6] Detalles del despliegue cristiano en GCAXI, cap. CCCXXIV y CCCXXVIII.

[7] GCAXI, cap. CCCXXIX.

[8] Desarrollo de la batalla según HUICI MIRANDA, Las grandes batallas…, p. 360‑379.

[9] “Y cuando el rey de Benamarín vio esto y vio a tantos cristianos al otro lado del río, envió a su hijo Abu Umar con su gente a emprender la lucha…”. GCAXI, cap. CCCXXX.

[10] “La victoria fue increíble…”. BENEYTO, Cardenal Albornoz…, p. 329‑332.

[11] GARCÍA FERNÁNDEZ, Andalucía: Guerra y Frontera, p. 74‑75.

[12] O´CALLAGHAN, The Gibraltar Crusade, p. 174‑175.

Este artículo forma parte del III Concurso de Microensayos Históricos Desperta Ferro. La documentación, veracidad y originalidad del artículo son responsabilidad exclusiva del autor.